"Corruptos no van por migajas"

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Director ejecutivo de Transparencia Colombia hace un balance de la lucha contra este flagelo

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EL NUEVO SIGLO: ¿Cuál es el origen de esta fecha?

ANDRÉS HERNÁNDEZ: Corresponde a la firma de la Convención de la ONU contra la Corrupción suscrita el 9 de diciembre de 2003 en Mérida, México, y se declaró este día como el Día Mundial de la lucha contra la Corrupción. El capítulo Colombia de Transparencia Internacional se creó hace 20 años.

ENS: ¿Cómo está Colombia en esta lucha?

AH: Se puede mirar de dos formas. Desde el plano interno podría pensarse que la lectura es pesimista ante la evidencia de escándalos de corrupción que han tomado formas complejas y han impactado a las instituciones con daños económicos y a las personas limitando el acceso a servicios y derechos fundamentales en muchos lugares del país.

Pero vemos que en Colombia hay indicadores que siguen estando en niveles altos de percepción de corrupción, pese a que hay avances importantes al contar con herramientas jurídicas e institucionales en las últimas dos décadas. Hoy contamos con un sistema de pesos y contrapesos de control al poder que sí consideramos que ha venido evolucionando.

ENS: ¿La corrupción es exclusiva del sector público, o también del sector privado?

AH: No es exclusiva del sector público o privado, la corrupción se presenta en cualquier ámbito donde lastimosamente hay abuso del poder delegado para beneficio propio.

Para luchar contra la corrupción tenemos que aceptar que es un problema de todos, y tener una participación más activa, no podemos simplemente dejarle esta labor a unos órganos de control, al sistema judicial, etc.

ENS: ¿Este fenómeno “es inherente al ser humano”? como decía Migue Nule…

AH: No creo. Es más bien un problema que tiene que ver con la falta, en muchos casos, de poner más en evidencia cómo se da la corrupción y quién la genera. Tenemos que cambiar ese punto de vista y más bien decir que todos somos víctimas de la corrupción y que tenemos que poner a las víctimas de la corrupción en un plano central.

En ese sentido, más que creer que somos una cultura corrupta o que la corrupción es inherente al ser humano lo que estamos viendo es que somos víctimas de unas prácticas ilegales, y no es solamente cuestión de leyes sino que desde nuestra vida cotidiana estamos favoreciendo unas prácticas que pueden estar alimentando esos comportamientos inadecuados.

ENS: ¿Cuáles son los sectores más vulnerables o más proclives a la corrupción?

AH: Hemos encontrado que los sectores más afectados en los últimos años por la corrupción son la salud, educación, vivienda e infraestructura en servicios públicos.

Ahí hay unos recursos muy importantes, tanto públicos como privados, es decir, es claro que la corrupción no va por migajas, la corrupción va por donde está la plata.

Por otro lado, vemos que ya no hay ningún tipo de preocupación de dónde sale la plata que se roban: cuando se roban la plata de la salud y la educación el impacto no es solo el daño económico sino el robo de oportunidades de vida, de desarrollo, y eso hace que la corrupción sea un crimen que está generando víctimas y negando el acceso a derechos fundamentales.

ENS: ¿Y la actividad política?

AH: Estos actos involucran a funcionarios públicos y a autoridades elegidas popularmente. Siempre se ha dicho que la forma de acceder al poder tiene mucho que ver con la forma en que se ejerce. Entonces hay que ver el acceso al poder como una puerta de entrada a la corrupción en nuestro país.

Ahora, la corrupción implica la participación de muchos actores nacionales y extranjeros, y ahí es donde el entramado hace más difícil atacarla.

ENS: ¿Y la gente sí denuncia?

AH: La tecnología ayuda a proteger a personas que tienen información muy valiosa pero que temen represalias. Nosotros, en Transparencia Colombia, venimos desde hace un año ofreciendo asesoría legal gratuita a personas que tengan información sobre casos de corrupción, ya llevamos más de 200 personas.

ENS: O sea, 200 denuncias en el último año…

AH: 200 presuntos casos de corrupción. En muchos casos nos contactan por casos laborales, demandas de alimentos, incumplimiento de un contrato, etc., pero no siempre son casos que se relacionen con faltas contra la administración pública o faltas disciplinarias.

ENS: Hace poco la Contraloría informó que la corrupción es de $50 billones anuales. ¿Qué cifra maneja Transparencia Colombia?

AH: Nosotros siempre hemos planteado que llegar a una cifra de cuánto le vale la corrupción al país es muy difícil. En este momento no nos parece tan importante cuantificar una cifra como sí determinar el daño que causa a la ciudadanía por falta de acceso a salud, educación, servicios públicos o infraestructura. Si midiéramos esos daños, probablemente esa cifra se quedaría bastante corta.

ENS: ¿Cómo está Colombia en esta materia según los índices regionales y globales?

AH: En los últimos 20 años Colombia nunca ha logrado una calificación  satisfactoria en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional. En la última medición (febrero de 2018) Colombia obtuvo 37 puntos sobre 100, en una escala donde 100 es un país con cero corrupción.

Esta calificación nos pone en similares condiciones con Brasil, Panamá, Perú, y muy lejos de países como Chile y Uruguay, que históricamente han tenido unos puntajes muy satisfactorios.

Esto en gran medida puede estar relacionado con nuestra incapacidad de poder llevar la corrupción a una sanción tanto judicial como social mucho más efectiva, o por problemas mucho más estructurales como la forma de hacer política en Colombia o la falta de legitimidad de la justicia.