Los ejercicios militares de Maduro

  • Preocupación continental por régimen delirante
  • Riqueza petrolera empeñada por varias décadas

 

En el mundo moderno es natural que los países hagan ejercicios militares conjuntos. De hecho Colombia participa de algunas de estas jornadas al año, junto a equipos y efectivos de Estados Unidos y otras naciones latinoamericanas. Sin embargo, ninguna de esas acciones genera preocupación, como sí lo hace que el gobierno venezolano haya anunciado ayer, con todo el despliegue mediático posible, que arribaron a ese país aeronaves de guerra enviadas por Moscú para “iniciar los vuelos operativos combinados Rusia-Venezuela 2018, con el fin de elevar el nivel de operatividad de los sistemas de defensa entre ambas naciones”.

Se trata de un equipo de cien efectivos rusos -hombres y mujeres- que fueron presentados en las instalaciones del aeropuerto internacional Simón Bolívar, en Maiquetía. Algunos de ellos hacen parte de la tripulación  de dos  bombarderos estratégicos tipo T-160, capaces incluso de transportar bombas nucleares. "Que nadie en el mundo tema por la presencia de estos aviones logísticos, bombarderos y caza bombarderos estratégicos, que han pisado territorio venezolano. ¡Nosotros somos constructores de la paz!... ¡No de la guerra!", dijo ayer el ministro de la Defensa venezolano,  Vladimir Padrino.

Sin embargo, es claro que este tipo de operaciones castrenses causa preocupación en todo el continente, sobre todo porque el cuestionado presidente Nicolás Maduro no hay día en que, a cual más delirante y desafiante, deje de afirmar que el “imperio” prepara una invasión militar a su país, incluso con la complicidad de Colombia, y que por eso las Fuerzas Militares y de seguridad chavistas están listas para repeler la supuesta agresión externa y defender hasta con su última gota de sangre la “revolución bolivariana”. Ya es más que conocida la hipótesis según la cual Maduro y compañía, para esconder la crisis política, económica, social, humanitaria e institucional en que sumieron a Venezuela, tratan todos los días de ambientar la desgastada estrategia de inventar un “enemigo extranjero” como única fórmula para mantenerse en el poder de un régimen que degeneró ya en una típica y cruenta dictadura.

Una prueba de la preocupación que generan este tipo de ejercicios que adelanta el gobierno chavista -al que la Unión Europea y Estados Unidos le tienen vigente un embargo en la venta de armas-  fue la crítica expresada ayer por un portavoz del Departamento de Defensa norteamericano, según el cual mientras su país envió a la región latinoamericana un buque-hospital para ayuda humanitaria, Rusia, pese a la tragedia y crisis en Venezuela, remitió a este último país bombarderos.

Como era apenas obvio, el inicio de estos ejercicios militares  de inmediato fue asociado con la venta de arsenal bélico de Rusia al régimen de Caracas, sobre todo en la última década y media en que el chavismo se enquistó en el poder de la nación suramericana. Una transacción que ha significado millonarias sumas cuyo pago, dada la quiebra fiscal del gobierno del vecino país, está cruzado contra las rentas y reservas petroleras venezolanas a plazos de una, dos décadas o más décadas. La propia oposición al cuestionado presidente Maduro insistió en la última semana en que los  periplos recientes del mandatario por China, Rusia y Turquía tuvo como único resultado que a cambio de nuevos y caros empréstitos al debilitado régimen, la riqueza en materia de hidrocarburos, oro, coltán y otros recursos no renovables quedó empeñada hasta más allá de la mitad de este siglo.

Si bien es cierto que nadie cree que Rusia, que tiene relaciones estables y pacíficas con toda Latinoamérica, vaya a patrocinar algún acto de agresión de Venezuela a países vecinos, no así se puede confiar en el régimen de Maduro y la cúpula del chavismo, que se saben en la mira ya de la justicia de distintas naciones e incluso de la propia Corte Penal Internacional.

Anoche el gobierno colombiano no se había pronunciado frente a este tipo de ejercicios militares entre Venezuela y Rusia. Ejercicios que, se repite, son de normal ocurrencia en distintas naciones, incluyendo la nuestra. Con la única diferencia de que Caracas no es una democracia ni respeta los tratados internacionales, como tampoco la Carta Democrática de la OEA, sino que derivó ya en una dictadura militar, cuyas cabecillas, entre delirantes y amenazantes, todos los días denuncian supuestos complot de invasión e intentos de asesinatos ordenados desde Washington, Bogotá y otros gobiernos del área.

El régimen de Maduro es hoy una amenaza a la seguridad regional, negarlo sería apenas ingenuo. De allí la preocupación continental por cada movida castrense que haga o deje de hacer.