Alemania: reunificación incompleta | El Nuevo Siglo
Miércoles, 26 de Febrero de 2025

Luego de doce años de totalitarismo nazi, los alemanes enfrentaron procesos radicalmente distintos de reconstrucción nacional. En Alemania Occidental, los estadounidenses, británicos y franceses gestaron la creación de una democracia ejemplar, basada en los principios del respeto a los derechos individuales, el imperio de la ley, el libre mercado y el gobierno limitado. Del lado oriental, los soviéticos impusieron un nuevo totalitarismo comunista, menos aterrador y destructivo que el de Hitler, pero comparable a la tiranía cubana de nuestros tiempos.

Al concluir la Guerra Fría, los alemanes occidentales asumieron con coraje el gran reto histórico de integrar a ambas sociedades. Extendieron a un pueblo empobrecido por décadas de comunismo y sin experiencia democrática alguna todos los derechos y responsabilidades que implica pertenecer a una democracia liberal, esperando surgir a partir de ello como el líder natural de una Europa próspera y libre.

Hoy, más de treinta años después, vemos que la integración de Alemania Oriental permanece incompleta. Persisten amplias diferencias en rendimiento económico y oportunidades a ambos lados de la antigua frontera, que han contribuido al renovado extremismo político de los alemanes orientales. En las elecciones del domingo pasado, como era de esperarse, la antigua Alemania Occidental votó predominantemente por la Unión Demócrata Cristiana, representante por excelencia del conservatismo institucional, y por la izquierda moderada de los Socialdemócratas y los Verdes, movimientos similarmente comprometidos con la visión democrática que ha imperado en Occidente desde su reconstrucción por parte de los Aliados. Por otro lado, en Alemania Oriental, triunfó como nunca antes el partido Alternativa para Alemania, señalado por su hostilidad a las minorías étnicas, su uso recurrente de refranes Nazis, y su insistencia en minimizar la importancia histórica del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.

En la ciudad de Berlín, también dividida por la mitad durante la Guerra Fría, quedó dividida entre demócratas y radicales. Mientras que en el lado occidental triunfaron los demócratas cristianos, en el lado oriental predominó La Izquierda, un partido apologista al antiguo régimen Alemán Oriental y descendiente directo de quienes gobernaron aquella dictadura. Vale la pena resaltar, ante la actual vulnerabilidad geopolítica que enfrenta Ucrania en su defensa contra el expansionismo ruso, que hay elementos cercanos al Kremlin en ambos partidos radicales, tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda.

Peor aún, hoy sabemos que las juventudes en toda Alemania optaron predominantemente por los partidos radicales. La Izquierda obtuvo el primer lugar dentro del segmento de 18-29 años, seguido por Alternativa para Alemania, juntando entre ambos más del 40% de ese electorado. Así como en Colombia hay quienes nunca vivieron el conflicto armado y hoy se sienten cómodos ondeando banderas del M-19, en Alemania el modelo occidental se está viendo amenazado por la expansión de la cultura política de la antigua Alemania socialista.

El próximo canciller conservador, Friedrich Merz, deberá lograr lo que no pudo su contraparte socialdemócrata Olaf Scholz. Deberá devolverle a Alemania el dinamismo económico y la confianza institucional que han perdido en los últimos años. Solo así podrá completar la visión de una reunificación plena bajo los principios de la democracia liberal, salvaguardando así el futuro de una Europa próspera y libre.