Compromiso joven con la seguridad | El Nuevo Siglo
Domingo, 23 de Febrero de 2025

La democracia no es un derecho, es una responsabilidad. Quien la da por sentada, la pierde, por eso construir democracia no es competencia o deber de unos pocos. Entre más voluntades se unen a favor de construir democracia más resultados y beneficios colectivos se logran. De igual manera, si no hay seguridad, la libertad se convierte en ilusión y falsas promesas. 

Cuando no hay garantías de orden y protección, el ejercicio de los derechos ciudadanos se debilita y deja de ser real. Imposible hablar de democracia real cuando los ciudadanos viven con miedo, cuando la violencia, la delincuencia o el autoritarismo los privan del derecho a vivir sin temor.

Por ello, explicar a los jóvenes la relevancia de defender la democracia comienza por poner sobre la mesa esta verdad incómoda por lo que poco se conversa sobre ella: las libertades individuales solo existen cuando hay instituciones capaces de protegerlas. Sin un Estado que garantice la seguridad, los derechos se convierten en un albur.

Hemos repetido que la democracia se basa en la libertad de expresión, en elecciones transparentes y en la participación ciudadana. Pero hay un elemento previo: la seguridad. No puede haber una prensa libre si los periodistas temen por su vida. No puede haber elecciones legítimas si quienes pueden votar sienten que su decisión los pone en riesgo. No puede haber debates abiertos si las amenazas o la violencia imponen silencio.

Los jóvenes tienen el deber de comprender que la seguridad no es solo hablar de orden público, sino el fundamento que hace posible el ejercicio de sus derechos. No se trata de justificar excesos ni de permitir o promover abusos de autoridad, jamás. Se trata de reconocer que, sin seguridad, la democracia es frágil y vulnerable a quienes desean manipularla o destruirla.

Es momento de que los jóvenes en Colombia se atrevan a hablar de seguridad sin temor a ser señalados o injuriados. La seguridad no es un concepto exclusivo de un sector político ni un tema que deba ser ideologizado. Es una condición fundamental para la vida en libertad. Exigir seguridad no es sinónimo de autoritarismo, es una demanda legítima de quienes quieren estudiar, trabajar, movilizarse y vivir sin miedo. Darle connotación ideológica al concepto de la seguridad es causa de no pocos dolores que seguimos viviendo los colombianos.

La delincuencia, el narcotráfico y la expansión de grupos armados ilegales están restringiendo derechos en muchas regiones, y quienes más lo padecen son los ciudadanos comunes, especialmente los jóvenes que ven limitadas sus oportunidades y su movilidad.

A pesar de los riesgos, muchos jóvenes ven la democracia como algo abstracto, distante, incluso irrelevante. Han sido formados con la idea de que sus derechos están garantizados por defecto, sin comprender que cada generación debe aportar, trabajar y luchar por ellos.

Es fundamental explicarles que su ausencia en la política no significa neutralidad, sino ceder el poder a otros. Cuando no se informan, no conversan sobre democracia, no exigen seguridad y garantías para ejercer sus derechos, o cuando no votan, están dejando que otros decidan por ellos.

La democracia no sobrevive por sí sola. Necesita ciudadanos activos, informados y dispuestos a defenderla. Si las nuevas generaciones no asumen este compromiso, estarán cediendo su futuro a quienes ven en la democracia un obstáculo para sus ambiciones de poder. Los jóvenes deben aprender a navegar este escenario con pensamiento crítico, porque una vez que se pierde la libertad, recuperarla es mucho más difícil o imposible.