Una vida por partida doble: gemelas con novios gemelos

Foto El Nuevo Siglo - Diana Sofía Maldonado

LUEGO de dos meses de espera, discusiones y excusas, en la mañana del 12 de junio del 2018 salimos en las motos de los hermanos Sebastián y Esteban Casallas, junto a mi hermana Laura, rumbo a Tobía, Cundinamarca: un viaje de gemelos.

En mi vida todo fue por partida doble ya que mi abuela paterna, Ana, tenía una gemela, Marujita; entre sus 13 hermanos tuvo gemelos, pero uno murió al nacer. A los ocho años, en la primaria, mi hermana gemela Laura y yo tuvimos mejores amigas gemelas, las hermanas Margarita y Lorena Tinoco; y por si fuera poco, hoy en día el novio de mi hermana, Sebastián, es el hermano gemelo de mi novio, Esteban. Suena confuso y de película, pero es así.

Los hermanos Casallas desde muy temprana edad los han distinguido sus amigos y familiares, se caracterizan por ser de contextura delgada y de rasgos diferentes por la forma de la nariz y su estatura, ya que mi cuñado Sebastián es cinco centímetros más alto que Esteban.

“Mi hermano siempre ha sido más bajo que yo y más delgado, por eso nunca nos confundían, salvo cuando no nos conocían a los dos, sino solo a uno y luego veían al otro, pensaban que éramos la misma persona”, dice Sebastián.

El caso de nosotras es diferente, pues tenemos más cosas en común: el cabello, la estatura y otros rasgos más. Aunque lo que nos diferencia es que mi hermana es un poco más delgada que yo y su rostro tiende a ser más alargado, el mío se caracteriza por ser redondo y mi nariz más pequeña.

Desde niñas tomábamos provecho de nuestro parecido y nos hacíamos pasar una por la otra. Como en segundo grado, cuando estudiábamos en salones diferentes, en una mañana decidimos cambiarnos, nuestra travesura solo duró hasta la tarde, pues a la profesora le tomó tiempo para darse cuenta de nuestro cambio. Todo terminó en una anotación en el observador pero logramos lo que teníamos pensado, que era hacer el examen de mi hermana y ella el mío.

Como un juego de niños

La relación de los cuatro comenzó como un juego de niños, en la época de la escuela cuando las niñas le mandaban decir al chico que les gustaba por medio de una carta o en la hora del receso se veían para hablar un rato. Así fue, en 2012 Esteban le presentó a Laura su hermano, Sebastián, pues le había estado confesando por días que quería conocerla.

Para mi hermana Laura fue algo inesperado “pues en los descansos nos sentábamos al lado de unas canchas para hablar. Un día me pidió que si podía ser su novia y yo tímida le dije que me tenía que ir al salón, pero antes de entrar a la clase, que en ese momento era de informática, le dije que sí y él me dio un beso”.

En cuanto a mi relación con Esteban, nos conocimos de una manera totalmente diferente. Muchos pensarán que acepté ser su novia porque mi hermana estaba con Sebastián, su hermano. Pero lo cierto es que lo conocí años después cuando lo trasladaron a mi salón en noveno grado, fue mi amigo durante mucho tiempo, salíamos junto con otros compañeros a cines, parques y demás. Después de algunos meses en los que su apoyo era constante y la cercanía que teníamos se hacía más grande tomamos la decisión de ser pareja.

 

Una sola conexión

Cuando de gemelos se trata siempre sale a relucir el mito o el rumor sobre la conexión que hay entre ellos y que uno puede llegar a sentir lo que el otro siente. Muchos expertos afirman que no está comprobada esa premisa, pero la experiencia junto a mi hermana confirma que es verdadera, ya que en múltiples ocasiones he llegado a sentir el dolor, la tristeza y también he tenido el mismo pensamiento de mi hermana.

“Una vez estábamos sentadas viendo televisión en la sala, las dos tomando una taza de café, cuando de pronto nos levantamos al mismo tiempo, nos dirigimos a la cocina, le echamos la misma cantidad de azúcar a la bebida, nos recogemos el pelo igual antes de sentarnos y mirándonos a la vez cantamos la misma canción al unísono”, explica Laura.

En otra ocasión, cuando asistía a una academia de ballet, mientras estaba en clase no me lograba concentrar, mis movimientos se volvían más lentos, pesados y luego caí al suelo llorando porque sentía dolor y tristeza en mi pecho sin saber la razón. Minutos más tarde me llamó mi mamá y me confirmó que mi hermana estaba en la clínica y que la habían internado. Sabía en ese momento cómo se sentía Laura y lo estaba viviendo al mismo tiempo.  

 

Es cosa de gemelos

Cuando salimos de paseo, a cenar, a bailar, ver una película o simplemente a caminar la gente nos mira raro e incluso hacen comentarios obvios sobre nosotros: “Se parecen mucho”, “hace rato vi una chica igual a ti”, “veo doble”, ¿cuál es la mala y cuál es la buena?”, “¿los novios no se confunden? y más, situaciones a las que estamos acostumbradas desde muy pequeñas. A unos les causa mal genio, otros les hace gracia, pero para nosotras es parte de ser hermanas gemelos.