Desempleo, crisis y realidad | El Nuevo Siglo
Sábado, 30 de Mayo de 2020
  • Cabeza fría para analizar las estadísticas
  • No caer en los escenarios catastróficos

 

 

Cabeza fría. Eso es lo que se requiere ante cada uno de los indicadores -macro y micro- económicos que se han venido revelando frente al impacto de la emergencia sanitaria en que se encuentra el país desde marzo pasado, una vez se adoptó el plan de contingencia que ha tenido como medida más drástica y definitiva el confinamiento de casi el noventa por ciento de los colombianos en sus casas.

Como es apenas obvio, tanto en nuestro país como en el resto del mundo, las estadísticas del desempeño de todas las actividades productivas han sido marcadamente negativas este año. No podía ser de otra manera si la mayoría de los gobiernos decidieron imponer cuarentenas poblacionales de distinta drasticidad como principal fórmula para detener la curva epidemiológica y la tasa de letalidad del Covid-19. Industria, comercio, turismo, construcción, servicios, salud, manufactura, educación, transporte, alimentos, entretenimiento…No hay un solo rubro de productos, bienes y servicios que no se haya visto impactado por las implicaciones del confinamiento en las casas de la mayoría de los habitantes y la parálisis de casi toda la economía real, las instituciones y demás sectores.

Es en ese marco que tienen que analizarse las cifras de desempleo a abril que ayer reveló el DANE, según las cuales la tasa de desocupación a nivel nacional fue 19,8 por ciento, lo que significó un aumento de 9,5 puntos porcentuales frente al mismo mes del año pasado, cuando se situó en 10,3 por ciento. La tasa global de participación se ubicó en 51,8 por ciento, lo que representó una reducción de 10,4 puntos porcentuales frente a abril del año pasado, cuando era del 62,2 por ciento. Finalmente, la tasa de ocupación fue 41,6 por ciento, presentando una disminución de 14,2 puntos porcentuales respecto al mismo mes de 2019, que era del 55,8 por ciento.

Lo primero que debe ponerse sobre el tapete es que las comparaciones del mercado laboral actual con el mismo lapso del año pasado resultan, claramente, ilógicas por la simple y sencilla razón de que en 2019 no se presentó una emergencia de la gravedad y las consecuencias de la actual pandemia. Ni siquiera resulta válido contraponer los indicadores de diciembre pasado, febrero o incluso la primera parte de marzo, con los de abril, cuando todo el país estuvo sometido a la cuarentena más estricta. Es más, en materia laboral las cifras de abril serán distintas a las de mayo, ya que en este último mes se activaron algunos sectores de la manufactura y la construcción.

Así las cosas, algunos de los análisis y reacciones que se escucharon ayer en torno a que el empleo en Colombia se había ido en picada y que retrocedimos tantos años en materia de personas empleadas puede que resulten ajustadas desde el punto de vista matemático, pero no así desde el económico real. Claro que hay una crisis laboral en estos momentos, es innegable. Claro que se ha perdido una gran cantidad de empleos y muchas empresas y negocios están al borde de la quiebra. Claro que otro tanto de población que trabaja en la informalidad o en el llamado ‘rebusque’ tuvo que paralizar sus actividades en medio de la cuarentena… Todo ello es cierto, pero derivar de esta situación coyuntural análisis de corte tan catastrófico como los que este viernes se escucharon resulta a todas luces un error de enfoque. En realidad, solo una vez haya pasado la fase crítica de la pandemia y el aparato productivo empiece a recobrar sus ritmos, se podrán hacer los análisis certeros y estructurales sobre las consecuencias en el mercado laboral de esta emergencia, que obviamente serán graves, como está ocurriendo en todo el planeta. De hecho los informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre los empleos que se perderán por la pandemia superan las 300 millones de plazas, entre formales e informales.

También es evidente que una parte de pico de desempleo que se registró en abril pudo ser impulsado por una cantidad de personas que estaban sin trabajo desde antes pero que al conocer los alivios, subsidios, beneficios e incentivos económicos extraordinarios del Gobierno para quienes no tenían empleo en medio de la emergencia sanitaria, decidieron oficializar su situación de desocupados para poder acceder a esas ayudas oficiales.

Visto todo lo anterior se entiende por qué es muy temprano para derivar conclusiones realistas sobre el nivel de impacto de la pandemia en el mercado laboral colombiano. Por ahora, la prioridad continúa siendo la sanitaria, sobre todo ahora que comienza una nueva fase del Aislamiento Preventivo Inteligente, en el que más actividades productivas podrán reanudarse, implicando un reto para que la aplicación efectiva y responsable de las medidas de bioseguridad. Las estadísticas, es obvio, son claves para medir las consecuencias de la crisis, pero deben ponerse en contexto y analizarse, como se dijo al comienzo, con cabeza fría.