Fisuras en oposición venezolana | El Nuevo Siglo
Miércoles, 28 de Octubre de 2020

* Bloque antichavista se dejó dividir por dictadura

* Implicaciones del exilio de López para Guaidó

 

La cuenta regresiva de las elecciones parlamentarias que contra viento y marea está impulsando el régimen dictatorial de Nicolás Maduro para el próximo 6 de diciembre se agota rápidamente. Si bien es cierto que la presión internacional para que el cuestionado gobierno chavista reverse esa convocatoria a las urnas ha aumentado en las últimas semanas, lamentablemente el Palacio de Miraflores presta oídos sordos a todas las advertencias en torno a que el resultado de dichos comicios no será reconocido por la comunidad internacional, salvo los pocos gobiernos aliados que le quedan a la satrapía de Caracas.

Está más que claro que Maduro y compañía no van a dar el brazo a torcer. Prueba de ello es el caso omiso que hicieron al duro pronunciamiento de la semana pasada de la Organización de Estados Americanos (OEA), en el que el ente continental reiteró que el proceso electoral para renovar la Asamblea Nacional no tiene las garantías necesarias para la participación de todos los sectores políticos, especialmente de la oposición. Tampoco impactó al régimen el informe de una comisión de investigación independiente de las Naciones Unidas que no solo evidenció la existencia de delitos de lesa humanidad y otras graves violaciones a los derechos humanos perpetradas por las autoridades chavistas, sino que incluso pidió a la Corte Penal Internacional (CPI) tomar cartas en el asunto.

Como se sabe, el órgano legislativo es la única instancia que el régimen no ha podido cooptar pese a múltiples presiones políticas, judiciales, presupuestales, electorales, institucionales e incluso hasta la persecución ilegal y el ataque físico a los diputados de la plataforma antichavista. De hecho, aprovechando que la dictadura infiltró todos los organismos y poderes, se convocó una asamblea constituyente desde 2017 con el único fin de quitarle a la Asamblea las facultades legislativas. Y, como si lo anterior fuera poco, la satrapía intentó torcer la elección de dignatarios del bastión opositor al comienzo de este año, buscando desplazar de la presidencia a Juan Guaidó, quien desde el año pasado es reconocido por más de cincuenta países como mandatario interino y legítimo de Venezuela… Todavía están frescas las imágenes de este último abriéndose paso a empujones y sobre las barricadas de la Guardia Nacional para poder arribar al recinto parlamentario.

Precisamente como esa burda maniobra no le funcionó a la dictadura, entonces el paso siguiente fue montar una cita a las urnas para renovar la Asamblea. De entrada la intención tramposa quedó al descubierto cuando el régimen, que tiene cooptados los altos tribunales judiciales y electorales, decapitó la cúpula de varios partidos de la plataforma opositora y designó allí a dirigentes considerados ‘títeres’ por el antichavismo. Luego procedió a liberar algunos presos políticos, con lo cual logró dividir algunas de estas colectividades, hasta el punto que mientras Guaidó y buena parte del bloque contra Maduro continúan firmes en que no participarán de unas elecciones en donde el fraude es seguro, algunos dirigentes sí se han mostrado a favor de ir a las urnas aduciendo que no se puede dejar al electorado huérfano de opciones democráticas. Para no pocos analistas, estas fisuras en la oposición han sido propiciadas por el Palacio de Miraflores, aplicando la vieja premisa de ‘dividir y reinar’… A ello debe sumársele que para muchos venezolanos la urgencia ahora es una sola: sobrevivir a la pandemia y su efecto demoledor en una ya de por sí crítica situación  política, económica, social e institucional.

Lo cierto es que en medio de todo ello el escenario para la oposición se complica cada día más. El domingo pasado uno de sus alfiles, Leopoldo López, quien fuera uno de los presos políticos de la dictadura más reconocidos a nivel global, y que llevaba más de un año refugiado en la residencia del embajador español en Caracas, logró huir a Colombia y de inmediato voló a Madrid. Se sumó así a otros dirigentes antichavistas forzados al exilio como el exalcalde de Caracas Antonio Ledesma, la exfiscal general Luisa Ortega y el expresidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, entre otros.

Si bien es cierto que a los mencionados no les quedó otra alternativa que huir para no caer o seguir en las garras del régimen chavista, y que todos han cumplido el rol de denunciar a nivel externo la tragedia venezolana y la urgencia de acabar con la dictadura, es claro que a nivel interno figuras como las de Guaidó, Henrique Capriles o María Corina Machado (con fuertes diferencias tácticas y estratégicas entre ellos) quedan más solas e incluso debilitadas, precisamente en momentos en que la oposición debería estar evidenciando más unidad de acción y criterio para atajar el fraude electoral del próximo 6 de diciembre.

Como se ve, no es nada fácil el panorama para la oposición venezolana. Las maniobras ilícitas y tramposas de Maduro para apoderarse de la Asamblea escalan día tras día, en tanto que la presión interna y externa para forzar su salida del poder se evidencia muy poco efectiva. Una tragedia de nunca acabar.