El malestar europeo

  • Diversidad política y antagonismos
  • Del Brexit a la crisis migratoria

 

Un variopinto malestar político, social, económico e institucional sacude a Europa de extremo a extremo, desde la Rusia fronteriza con China, pasando por las naciones que formaron parte de la antigua Unión Soviética, hasta en los países nórdicos que registran las mejores condiciones de calidad de vida; también se extiende ese clima convulso a Francia, Italia, España, Austria y Alemania y, en cierta forma, a Portugal, agobiados todos ellos por problemas demográficos y crisis migratoria así como accidentados escenarios políticos y crisis de distinta índole.

En la Unión Europea, como reacción a la debilidad de Alemania, resurgen las fuerzas de derecha. Por cuenta de la permisividad de la democracia cristiana teutona, la extrema derecha gana terreno electoral allí. Lo mismo que en Austria, Italia, Bélgica, Holanda y otros países. España, bajo los efectos de una suerte de golpe de Estado legislativo, involuciona a los tiempos de la República, el separatismo y políticas disolventes, que se creían sepultadas por el peso de los años y la historia. Vladimir Putin, desde Moscú, procura extender sus fronteras e incrementa su poderío militar, lo mismo que propicia la alianza táctica con los países asiáticos y algunos del tercer mundo. En Italia, el rechazo a los migrantes infla el crecimiento electoral de las derechas y lleva a los nostálgicos del fascismo al poder.

La intervención militar rusa en Siria, como la de Estados Unidos y Francia, obedece tanto a problemas heredados de la Guerra Fría, como a razones inmediatistas de la geoeconomía petrolera. La crisis humanitaria en esa nación como los rezagos de la “primavera árabe” han impulsado la descomposición política y militar de la región. Paralelo a ello toma fuerza de nuevo la carrera armamentista entre Estados Unidos, Rusia y China, e incluso el presidente de Francia Emmanuel Macron convocó un programa de armamentismo europeo y planteó crear un ejército propio para defenderse de “Estados Unidos, Rusia y China”. Comentario este que sacó de casillas al presidente norteamericano Donald Trump, quien le recordó que su país intervino decisivamente en dos guerras mundiales para salvar Europa y en particular a Francia. El titular de la Casa Blanca, con su estilo imperativo, dijo que no entendía la propuesta del líder galo, cuando los franceses, en plena II Guerra, estaban aprendiendo alemán obligatoriamente, hasta que la intervención estadounidense los liberó del yugo teutón. Trump recalcó que lo que debía hacer el gobierno francés y el resto de países miembros de la OTAN era pagar sus deudas con el organismo y no dejar el grueso de la carga financiera y militar a Estados Unidos.

Obviamente las declaraciones de Trump, suscitaron la réplica de la canciller Angela Merkel de Alemania, en el sentido de favorecer, en teoría, la idea de su colega parisino de crear un ejército europeo en un futuro lejano. Algo que no preocuparía a Washington, dado que en días pasados anunció su retiro de la política en poco tiempo.

A ello se suma la compleja negociación del Brexit, por cuenta de los vaivenes políticos de la primera ministra británica Theresa May, que cuando fue elegida por el Parlamento se la comparó con la “dama de hierro” Margaret Thatcher. Ese ‘divorcio’ entre el Reino Unido y la Unión Europea se ha complicado al extremo, a tal punto que la líder inglesa atraviesa una precaria situación de inestabilidad que la mantiene en la cuerda floja y al borde de perder el respaldo conservador.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea se constituye en un duro golpe al sistema defensivo común, dado que el primero sigue teniendo un peso militar significativo, incluso nuclear, y con capacidad de actuar globalmente. Lo mismo que mantiene una vigorosa presencia geopolítica y el poder de veto en el seno de la ONU.

Por último, se espera que España no cometa los errores demagógicos que condujeron a Grecia a la degradación, agravados en esta oportunidad por la alianza ibérica de los socialistas y separatistas, con los aventureros de Podemos. Temor que se acrecienta con arremetida del jefe de gobierno, Pedro Sánchez, contra la banca y los sectores productivos, a los que pretende asfixiar a punta de impuestos.

Como se ve, el panorama del viejo continente es muy convulso y si bien es cierto que sería una utopía pedir uniformidad política a un conglomerado tan disímil por la gran cantidad de naciones que lo componen, cada una con su propia coyuntura, es evidente que a la Unión Europea le está faltando definir su norte de manera más taxativa.