Los apuros de Trudeau

  • Tambalea el gobierno canadiense
  • Lo cerca escándalo de corrupción

 

 

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, hijo de una bella y elegante modelo y de un controvertido y hábil político del siglo XX, que ocupó el mismo cargo y gozó de gran popularidad, atraviesa por estos días graves problemas  que afectan ya su margen de gobernabilidad.

Hasta el momento Trudeau había demostrado habilidad para dirigir el país. Su facilidad de comunicación con las masas, un perfil joven y fresco así como su capacidad de trabajo y experticia en negociación política y económica, lo mantenían a salvo de las contingencias que atraviesan otros dirigentes del continente.

Esas condiciones, además de permitirle controlar los votos de su partido natal y convocar a diversas minorías que no suelen votar en Canadá por las colectividades tradicionales, lo tenían ya como político imbatible. Es más, se había convertido en un modelo dirigencial de Occidente, sobre todo por la trasparencia que preconizaba como actor insobornable al servicio de los grandes intereses de su país. La suerte parecía sonreírle al Ejecutivo canadiense, sobre todo por su habilidad en el manejo de las negociaciones con Estados Unidos y México alrededor de los ajustes al tratado de libre comercio. Igual por los indicadores económicos, que si bien no eran tan buenos, sí mejores de los que se esperaba. Sin embargo, de improviso, estalló una tormenta que amenaza no solo el prestigio de Trudeau, sino también su margen de gobernabilidad y futuro político y hasta judicial.

Primero fue la renuncia sorpresiva hace un mes de la popular y respetada Jody Wilson-Raybould, quien ocupó en el pasado los cargos de Ministra de Justicia y Fiscal General, y ahora venía desempeñándose en la cartera de Veteranos. Luego vino, esta semana, la dimisión de la ministra del Tesoro, Jane Philpot. Dos renuncias que tienden a convertirse en  una “caja de pandora” debido a que podrían tener relación con un caso de corrupción en altas esferas.

Trudeau, de quien se dice que es capaz de dar lecciones de teoría cuántica a un conclave de científicos, y es famoso por su facilidad de palabra, se ha visto a gatas para explicar sus conexiones, ya en el ejercicio gubernamental, con algunas compañías que aportaron gruesas sumas de dinero a su campaña tiempo atrás. Un escándalo en el marco del cual la abrupta renuncia de sus dos ministras estrella ha dimensionado aún más una crisis que estalla apenas a ocho meses de las próximas elecciones.

La situación es tan complicada que el dirigente, que había guardado sospechoso silencio al respecto, esta semana debió suspender sus recorridos proselitistas por el país y ponerse al frente de la problemática. Es claro que la suspensión de la campaña fue obligada por la sorpresiva renuncia de la ministra del Tesoro, lo que de inmediato generó múltiples hipótesis tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales.

No hay que olvidar que hace un mes, en ocasión de su renuncia,  Wilson-Raybould manifestó su repugnancia por el tráfico de influencias en la cúspide del poder. La ex alta funcionaria testificó ante un comité del Parlamento canadiense dejando al descubierto los compromisos de Trudeau, como de varios de sus principales asesores y otros exministros, con la poderosa y más importante empresa de construcción del país: SNC-Lavilin. Denunció que la presionaron de altas esferas durante cuatro meses para que le ofreciera un trato generoso e irregular a la misma.

No se trata de la primera vez que dicha compañía se ve envuelta en graves escándalos. Se afirma en la prensa canadiense que años atrás sus dueños y altos ejecutivos habrían estado inmersos en negocios sospechosos con el gobierno tiránico y corrupto de Gadafi en Libia.

Pero el escándalo que conmueve a Canadá no para allí. Se denuncia en varios sectores que la justicia ha actuado con pasmosa apatía, pese a que la citada exministra asegura que Trudeau la presionó una y otra vez para que la Fiscalía ofreciera a SNC-Lavalin un acuerdo de enjuiciamiento diferido, todo ello con la exclusiva finalidad de evitarles a sus socios y a sí mismo una posible condena criminal.

En medio de esta difícil situación Trudeau y algunos de sus colaboradores salen a la palestra y sostienen que la exministra miente y que se trata de un burdo montaje contra el político más exitoso del país, quien durante años ha estado combatiendo la corrupción en el Estado y en las propias filas de sus partidarios y aliados. Sin embargo, por el momento las dudas están a la orden del día. Si bien el Primer Ministro mantiene la mayoría en el Parlamento, ello no evita que, de producirse más denuncias o surgir más pruebas, se vea obligado a renunciar y termine así una brillante carrera política.