Indulto y lluvia de orejas

Cortesía

Con lleno hasta las banderas e inigualable ambiente, se dio la noche del viernes el tradicional Festival Taurino de la Feria de Manizales, a beneficio del Hospital Infantil de la Cruz Roja Colombiana.

El encierro de la ganadería de Ernesto Gutiérrez fue potable en su totalidad, y eso permitió disfrutar una gran noche de toros en la parte final de la Feria Taurina de Manizales.

 

Así fue el Festival

El español Antonio Ferrera, que venía de ejecutar una gran faena en la corrida del jueves, lidió el primer novillo de la noche. Instrumentó verónicas de ensueño para llevar al toro por chicuelinas galleadas al caballo y luego hacer un quite echándose el capote a la espalda.

El novillo fue un caramelito: Noble, fijo y de gran embestida; ejecutó muletazos hondos, templados, pero no hubo ligazón y eso desvalorizó su labor. Tres cuartos de espada tendida y caída. Dos orejas largas y palmas al pupilo de Gutiérrez.

Julián López El Juli, toreó el segundo con el que se adornó en bello quite por lopecinas (o zapopinas) a un novillo de muy buena acometida. La faena no fue desangelada, pero se desdibujó por el constante trompicar de la muleta en buena parte de la faena. Bonitas series de naturales, ligando muy ceñido. Tres cuartos de espada trasera. Una oreja.

Rezandero, novillo de 450 kilos, correspondió en suerte a Sebastián Castella, quien supo aprovechar sus bondades. El astado acudió siempre con motor suficiente al engaño y repitiéndose sin protestar. La faena, por momentos, se tornó eléctrica; el francés no se empleó a fondo, pero lo que hizo agradó al público. Pinchazo y estocada trasera, para dos orejas también larguitas.

Vino luego el caldense Cristóbal Pardo. El diestro midió a su novillo por navarras y, luego, aprovechando sus cualidades de rehiletero. Faena marginal, bullidora, que, sin embargo, gustó a los asistentes. No hubo mando ni confección de faena, sino exhibición de muletazos aislados. El lucimiento vino por cuenta de las magníficas condiciones del novillo, que permitieron una labor al estilo de Pardo. Dos pinchazos y estocada bien dirigida. Sexta oreja de la noche.

Anduvo depurado Luis Bolívar, con el quinto del Festival de nombre Monaguillo. Se paró en los medios y hasta allá llegó el novillo para entregarse y permitir el lucimiento del colombiano, que instrumentó muletazos de buena factura por ambos pitones. Le dio gusto a la parroquia, ejecutando molinetes que produjeron algarabía en la plaza. Estoconazo trasero, tendido y desprendido. Dos generosas orejas.

La faena más artística de la noche corrió por cuenta del español Álvaro Lorenzo, al novillo de nombre Fosforero. Qué bien estuvo: Serio, lidiando con cadencia, con la seguridad que posee quien conoce a fondo su oficio. El novillo tomaba bien el engaño por los dos pitones y eso lo capitalizó el diestro, al punto de darse el lujos como torearlo sin ayudado por ambas manos y luego por bernadinas. En premio, sonó el Pasodoble Feria de Manizales. Emoción en los tendidos, que terminaron pidiendo el indulto de este buen novillo. El Presidente accedió.

En último lugar salió otro buen novillo, con el que el payanés Guillermo Valencia estuvo sobrerrevolucionado. Anduvo tan encima del astado, que privó de brillo una faena que debió ser superior, incluso honda, porque el novillo tenía el tranco suficiente para que se luciera quien se le pusiera al frente. Terminó perdiendo los papeles por falta de experiencia y de sitio. Tres avisos.

Así, con alto número de trofeos, terminó el penúltimo festejo de la Feria Taurina de Manizales.