ESTRIBOR
No hay superpotencias

El paradigma de que teníamos una especie de hermanos mayores o papás que en los casos más extremos -como este que vivimos- nos extenderían la mano y nos salvarían, ha desaparecido. El miedo es el común denominador para todos y es doble, pues estamos asustados y huérfanos. Ningún país del mundo estaba preparado para este “virus chino”, usando las palabras de Trump. Una nueva forma de guerra en la cual sin derramar una gota de sangre fue posible llegar al primer ministro británico, al príncipe Carlos de Inglaterra, otros importantes personajes mundiales y a los más pobres también.

Desabastecimiento, salud, hospitales, comida, trabajo, son la preocupación del Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia, China, Japón, Colombia y Etiopía, para nombrar unos pocos.  Quedó en evidencia que nadie estaba preparado. Ninguna superpotencia tiene la solución en la mano ni puede ayudar a nadie. Los hermanos mayores no tienen como ni pueden solucionar el problema a la humanidad. Que cada país se las tiene que arreglar como pueda y que la humanidad entera es un manto de fragilidad. Queda en evidencia que no existe el primer mundo pues todos estamos en este momento viviendo lo mismo. ¿Qué hace la diferencia entonces en este momento? Aunque todos estamos a la deriva en mar abierto, no todos están siendo liderados por el mismo capitán. Y aquí es necesario invocar a Edward Gibbon, este historiador británico que dijo la siguiente frase magistral: “los vientos y las olas están siempre a favor de los más capacitados”. Y es en estas situaciones extraordinarias que sale lo mejor o lo peor de las personalidades de los seres humanos. Desde el afán protagónico hasta la cercanía al pueblo. Y en estos momentos se necesitan líderes con “extravagante impaciencia”, como lo fue Winston Churchill.  Líder indiscutible, quien se caracterizó por la perseverancia: “jamás vaciles, jamás te fatigues, jamás desesperes “.

Cuando tuve la idea de estudiar aviación siempre me decían que los pilotos eran un equipo que debe tener la misma tranquilidad tanto cuando estaba todo en orden como cuando estaba cayéndose el avión. Jamás se me olvida esa frase. No sirve un líder protagónico y ególatra.

No nos sirve un piloto que nos asuste más de lo que ya estamos cuando el avión está fallando. No nos sirve un piloto que nos eche en cara que nos está salvando la vida. No nos sirve un piloto que le importe mucho más decirnos que está haciendo, que concentrado en volar el avión y salvarlo.

No nos sirve un piloto que se preocupa más por demostrarnos sus habilidades y destrezas al comando de la aeronave que por salvarnos. No nos sirve un copiloto que busca sobresalir más que el comandante mientras el avión se cae. No nos sirve un copiloto frustrado por no estar al mando de la aeronave y entorpeciendo la labor de toda una tripulación. Necesitamos líderes con cualidades totalmente opuestas a las descritas en estos símiles.

@ReyesJuanfelipe