Peso argentino, en recuperación

Imagen de referencia. Foto AFP.

La crisis cambiaria argentina parece haber entrado en una fase de calma tras la puesta en marcha el 1 de octubre de un sistema de bandas acordado con FMI aunque a costa de tasas de interés superiores al 70% que profundizan la recesión económica.

El peso argentino cerró este viernes en 37,60 pesos por dólar y lleva recuperados 11,5% desde comienzos de mes aunque la depreciación en lo que va de 2018 suma 50%.

Tras la primera corrida cambiaria en abril, Argentina recibió un primer auxilio del FMI por 50.000 millones de dólares a tres años. Sin embargo debió volver a pedir ayuda al organismo dos meses después ante la persistencia de la crisis cambiaria.

A cambio de una ampliación del crédito a 57.000 millones de dólares, el gobierno se comprometió a obtener un déficit fiscal 0 el año próximo y a restringir su intervención en el mercado de cambios.

Para ello acordó con el FMI un sistema de banda cambiaria de entre 34 y 44 pesos por dólar que se actualiza en 3% mensual y limitó su intervención por fuera de esos límites a razón de 150 millones de dólares diarios.

Para evitar la fuga de capitales y contraer al máximo la oferta de pesos, el Banco Central aumentó en 8 puntos porcentuales los encajes bancarios y lanzó  títulos a siete días de plazo con tasas superiores al 70%.

El nuevo acuerdo con el FMI incluye la puesta a disposición anticipada de 19.000 millones de dólares en el último trimestre de 2018 y en 2018.

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Ajuste monetario y recesión

Para el analista económico Fausto Spotorno, la apreciación de la moneda durante las dos últimas semanas, "es una buena noticia".

"La razón por la que se estabiliza el peso es porque el tipo de cambio se encuentra en un nivel elevado. Ahora no podemos decir que hay una atraso cambiario muy grande", dijo Spotorno a la AFP.

En igual sentido opinó la economista Marina dal Poggetto, de la consultora Eco Go.

"Las primeras dos semanas han ido bastante bien. Hay una apreciación por encima de 10%. Cuando se comenzó no era evidente que iba a marchar tan bien", dijo a la AFP.

Sin embargo el esquema de secar la plaza a costa de las tasas de interés más altas del mundo tiene consecuencias en la economía real: falta de crédito, quiebras, despidos y un nivel de morosidad cada vez mayor.

"Este esquema funciona si en algún momento se logra bajar la tasa de interés. El Banco Central no tiene reservas para intervenir. Por ahora se está controlando el tipo de cambio con las tasas de interés, pero hay que ir paso a paso. Un ajuste fiscal y monetario como éste es muy recesivo", advirtió Dal Poggetto.

 

El dilema de bajar la tasa

Para frenar la sangría de divisas, el Banco Central ha ido elevando la tasa de interés a lo largo del año y aunque estableció la tasa de referencia en 60%, ha colocado letras a siete días por encima del 70%.

El encarecimiento del crédito obliga a las empresas a vender sus posiciones en dólares.

"La misma restricción crediticia está forzando el desmontaje de las posiciones en dólares, tanto de las familias como de las empresas. Empieza a haber quiebras y empieza a aumentar la morosidad en los bancos", dice la economista.

Sin embargo los próximos vencimientos de letras del Banco Central no auguran una pronta baja de las tasas.

El martes vencerán letras por más de 200.000 millones de pesos (más de 5.000 millones de dólares) y el Banco Central ha anunciado el lanzamiento de una nueva oferta de títulos de corto plazo para reemplazarlas.

"La tasa de interés no es sostenible en esos niveles, la actividad económica no funciona porque nadie puede acceder al crédito", opinó Spotorno.

Argentina lidia además con uno de los índices de inflación más elevados, con un acumulado de 24,3% entre enero y agosto de este año y una proyección por encima de 40% para el cierre de 2018.

Según las proyecciones del FMI dadas a conocer esta semana, la economía argentina tendrá una contracción de 2,6% en 2018 y la recesión continuará en 2019 con una retracción de 1,6%. 

Estos datos contrastan con las previsiones hechas en julio, cuando el FMI todavía pronosticaba un crecimiento de 1,8% para 2018 y de 2,9% para 2019.