Club incluyente de lectura festeja sus primeros 10 años

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Uno de los espacios más importantes en Bogotá para la lectura incluyente cumple una década con ‘Comparto mi lectura’, un club que por años ha ofrecido la oportunidad a personas con discapacidad visual de sumergirse en el mundo de la literatura, en las salas de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

En septiembre pasado el club ‘Comparto mi lectura’ cumplió 10 años de labores, un proyecto que inició en la Biblioteca con el interés de generar espacios de inclusión cultural para las personas con discapacidad visual. María Isabel González, bibliotecóloga y profesional a cargo de este espacio, lo recuerda así: “Durante un año asistieron únicamente personas ciegas o con baja visión, después por solicitud de ellos mismos, el club se abrió a personas videntes, lectores de apoyo que entraron a hacer parte de este encuentro mensual.”

La primera sesión de lectura del 2020, que se realizará este 26, será en homenaje al sociólogo Alfredo Molano y en ella se leerá una de sus publicaciones más conocidas, ‘De río en río: Vistazo a los territorios negros’. A lo largo del año se abordarán libros a través de los cuales se pueda indagar la mirada femenina en la literatura.

En el club se abordan distintos temas y además de libros también se discute sobre cine o música. En los últimos años la conversación se ha ido por temas de coyuntura nacional, por ejemplo, el periodo de La Violencia en la historia del Colombia durante el siglo XX y el Proceso de Paz con la guerrilla de las FARC.

‘Comparto mi lectura’

Primero el club se llamó “Comparto mi voz, comparto mis ojos” y consistió, básicamente, en sesiones en las que los asistentes videntes leían en voz alta a los asistentes ciegos. Un formato que, una vez se tomaron más confianza los unos con los otros, quedó corto y no respondía a las relaciones reales que se estaban dando al interior del club.

“Cambiamos el nombre a ‘Comparto mi lectura’, porque entendimos que los ciegos podían leer por su cuenta y en sus casas, ya fuera en braille o utilizando algún software de lectura de textos. Decidimos entonces que las sesiones presenciales debían ocuparse en compartir, por igual, nuestras apreciaciones sobre lo leído y así ir construyendo colectivamente conocimiento”, explica María Isabel.

De esos encuentros surgieron amistades que han perdurado por muchos años, por ejemplo, la de Eccehomo Acero y Liborio Sánchez, el primero un hombre que fue vigilante y electricista durante buena parte de su vida hasta que perdió la visión a los cuarenta años y que llegó al club cercano a los setenta; el segundo un intelectual de ochenta y cinco años, amante de los libros y la ciencia que encontró en el club una alternativa al exceso de tiempo libre que le dejó la pensión. Fue gracias a la lectura compartida que ambas experiencias vitales se encontraron y acompañaron por muchos años.

“Asisto desde hace 10 años al club, a las sesiones presenciales que todavía tienen lugar los últimos sábados de cada mes. Para mí es un espacio muy importante, porque invita a las personas a la reflexión, porque nos permite compartir nuestras capacidades, nuestros puntos de vista y enriquecernos con lo que el otro nos pueda aportar”, explica Liborio.

Por su parte Eccehomo, que también asiste al club casi desde su inicio, cuenta que fue gracias a este espacio que despertó su curiosidad intelectual y que se volvió un lector voraz, por ejemplo, ha leído hasta cien libros en un año, entre ellos la obra completa de Gabriel García Márquez y a varios filósofos analíticos de los que destaca a Manuel Fernández Lorenzo y a Fernando Savater.

“A Liborio le agradezco el inculcar respeto hacia las personas con más y menos conocimientos. En este club desperté mi interés por la filosofía y cuando uno lee uno de estos libros no vuelve a ser el mismo. Definitivamente lo mejor que me pasó después de quedarme ciego fue llegar aquí”, contó Eccehomo, quien falleció en diciembre de 2019.

Además del club ‘Comparto mi lectura’, la Biblioteca Luis Ángel Arango ofrece otros servicios para sus usuarios ciegos, entre ellos: una colección de 320 libros en braille o, si no está el título que el lector requiere, la impresión en braille gratuita de cualquier libro que se le solicite (el usuario debe hacerse cargo del papel que se requiera para la impresión); además de equipos Allreader, máquinas de lectura inteligente que permite verbalizar cualquier texto, y lectores de pantalla JAWS (acrónimo de Job Access With Speech), un software cuya finalidad es hacer más accesible para las personas ciegas los computadores con sistema operativo Windows.  Lea más aquí >>

La Biblioteca también cuenta con un espacio de mediación cultural en lengua de señas que pronto completará una década y desde el cual se han desarrollado productos pioneros de la literatura inclusiva en Colombia, uno de ellos es la adaptación a lengua de señas de la novela La luna en los almendros, la primera de este tipo en el país, que se lanzó en 2019 y se realizó con el apoyo del INSOR.