Relacionamiento con China, ¿cómo navegará A. Latina? | El Nuevo Siglo
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Domingo, 24 de Mayo de 2020
Gina Caballero

Las tensiones y configuraciones geopolíticas aumentarán el regionalismo en la actividad económica, y, así, las cadenas de valor globales giraran más entorno a las Américas, Europa y Asia Pacífico

 

Las disrupciones causadas por la pandemia de Covid-19 a la actividad económica diaria traerán cambios a los modelos y prácticas económicas. El FMI prevé que la Gran Cuarentena reducirá el crecimiento global este año a -3%. La Organización Mundial del Comercio (OMC) estima que el comercio de mercancías caerá entre el 13-32%. Para América Latina las estimaciones son igual de sombrías. Según cifras de la Cepal, el PIB regional tendrá una contracción de -5.3% para 2020, la peor caída desde la Gran Depresión de 1930, mientras se espera que las exportaciones regionales se desplomen en un 15%.

Por otra parte estamos de cara a nuevas tensiones geopolíticas no vistas desde la Guerra Fría. El coronavirus está acentuando la desconfianza que Estados Unidos y Europa, principalmente, han tenido frente a China en los últimos años. En Estados Unidos, Trump acusa a China de ocultar el origen y no tomar medidas a tiempo para prevenir la propagación mundial del coronavirus. En tanto en China un vocero de la cancillería acusó a Estados Unidos de haber esparcido el virus en Wuhan. Las fricciones ponen cada vez más en descubierto la suspicacia que en Occidente se tiene de las ambiciones globales de China, y crece la urgencia por reubicar cadenas de suministro fuera de este país.

En Estados Unidos el Covid-19 ha hecho más visible su dependencia de China por suministros médicos.  Así se consolidó apoyo bipartidista para promover una “Ley para Asegurar la Cadena de Suministro Nacional de 2020”, la cual está destinada a reducir esta dependencia a través de incentivos fiscales que fomenten la manufactura nacional. Por su parte, la Unión Europea está trabajando en una regulación para evitar, en tiempos de vulnerabilidad económica, la adquisición de empresas europeas por grupos estatales chinos.

La competencia que se desata entre los sistemas de valores de China y Occidente también tendrá impacto en el relacionamiento internacional de la región. No obstante, la relación con China está suficientemente consolidada para sobrellevar estos desafíos. En 2018, según cifras del Ministerio de Comercio de China, el comercio bilateral alcanzó un alto histórico de USD 307,400 millones, y la Inversión Directa Extranjera de dicho país se está volcando a nuevos sectores y a diferentes países.

Además el sector agrícola puede amortiguar sobresaltos económicos. Hoy día América Latina tiene un superávit con China en el sector, y su participación en las importaciones agrícolas del país asiático ha aumentado del 19% en 2000 al 27% en 2015. Igualmente, como destaca The Economist en su última edición, la sofisticación del sistema mundial de alimentos ha sido crítica para redireccionar cadenas de suministro cuando la demanda y la oferta se han visto afectadas por la pandemia. En números, 4/5 de la población mundial se alimenta en parte por importaciones, que equivalen a USD 1.5 trillones.

América Latina rica en recursos hídricos y naturales tiene un potencial enorme para participar más en ese sistema. Con China, las exportaciones agrícolas cobran más relevancia pues pueden ayudar a contrarrestar la concentración de minerales y materias primas en la canasta total. Un ejemplo es Brasil, que a pesar de la pandemia, mantuvo su balanza comercial prácticamente estable. Según datos de su Ministerio de Economía, en los primeros cuatro meses de este año las exportaciones agropecuarias crecieron 17,5%, y se destacaron las enviadas a China con un aumento de 11,3%.

Con estas consideraciones América Latina debería mantenerse independiente sin tomar bandos, e invertir más en su sector agrícola. A la fecha, a excepción de Brasil, los países de la región no invierten lo suficiente en Investigación y Desarrollo en el sector.  Un estudio del BID encontró que el déficit de la inversión en el sector en América Latina y el Caribe se sitúa en USD 3,5 mil millones y para cerrarlo la inversión sumaría USD 8,5 mil millones (medidos al año 2011 en paridad de poder adquisitivo).

Con un sector agrícola más sofisticado la región podría sobreponerse ante conflictos geopolíticos, tal como se pudo ver el año pasado durante la guerra comercial entre Estados Unidos y China, cuando Brasil aumentó su participación en las importaciones de poroto de soja por las tarifas que China aplicó a Estados Unidos en este producto. Por este conflicto también ha habido un auge en las exportaciones de carnes de la región.

Los países latinoamericanos no pueden quedarse al margen de estas oportunidades para un número limitado de productos.  Sobre todo cuando la canasta agrícola a China tiende también a concentrarse en pocos productos y países. Argentina y Brasil, por ejemplo, son los principales exportadores en la región y los porotos de soja representan el 77% del total de las exportaciones agrícolas. En vez se debería aprovechar el escenario para aumentar las ventas de productos con mayor valor agregado. Para ello se debe apoyar al sector privado para que una nueva generación de empresas de alimentos capitalice nichos del mercado chino, y contribuya a diversificar los intercambios con ese país.

Por una parte, se necesitan cadenas de valor regionales que cumplan con estándares cada vez más estrictos, como los que se están contemplando en la Unión Europea. Por otra parte, América Latina necesita cerrar sus brechas en infraestructura e integrarse físicamente para contar con corredores comerciales que la conecten eficientemente con mercados en Europa, Asia Pacífico y Estados Unidos. En ese aspecto, se podría alinear el interés chino por desarrollar y financiar obras de infraestructura en la región.

En fin, el mundo no será el mismo tras la pandemia. Las tensiones y configuraciones geopolíticas aumentarán el regionalismo en la actividad económica, y, así, las cadenas de valor globales giraran más entorno a las Américas, Europa y Asia Pacífico. Ante este escenario, América Latina debe optar por el pragmatismo económico, y hacer su integración regional más imperante y el eje de un sector agrícola sofisticado más relevante.  Solo así podrá aprovechar sus ventajas comparativas y convertirse en una potencia mundial de alimentos.