El esplendor de la danza uruguaya con el Ballet Sodre

Foto Agence France Presse

En medio de tutús, mallas y zapatillas de punta con ropa deportiva, se vive un ritmo frenético en las instalaciones del Ballet Nacional Sodre (BNS), en pleno centro de Montevideo, donde unos 70 bailarines se mueven con una creciente intensidad mientras se preparan a ejecutar pirouettes y grandes saltos.

Su director artístico, el español Igor Yebra, hace correcciones a pocos días del estreno de una de las grandes producciones del año: "Onegin". Entre quienes lo siguen con atención, se encuentra la uruguaya María Noel Riccetto, quien por años fue solista del American Ballet y también fue la doble de la actriz Mila Kunis en la película "El cisne negro".

La compañía uruguaya ha logrado un prestigio que poco tiene que envidiarle a las grandes del mundo. Y Yebra, un renombrado bailarín y coreógrafo que asumió el liderazgo el año pasado, consolidó el éxito alcanzado tras la refundación del BNS, hace casi 10 años.

En 2018, la compañía llegó a su espectador un millón, una meta que parecía inalcanzable en 2009 cuando, en algunas ocasiones, había más bailarines sobre el escenario que gente en el público. Y en promedio, desde 2010 a 2018, el Ballet Nacional atrajo a más de 100.000 espectadores al año.

Un terremoto llamado Julio Bocca

Bocca, el maestro de la danza argentino, aterrizó en el BNS en marzo de 2010 después de que el entonces presidente José Mujica le ofreciera el cargo de director artístico con el desafío de devolverle la grandeza al ballet nacional.

"Yo había visto alguna función de la compañía y estaba muy mal, muy pocas funciones y nadie en el público", recuerda Bocca. El bailarín aceptó bajo rigurosas condiciones.

Entonces no había un presupuesto estable para las producciones, sino que las ganancias se recuperaban de la venta de entradas o patrocinadores. Bocca exigió un presupuesto anual y pidió que los bailarines firmaran contratos anuales y no indefinidos como hasta ese momento, lo que le costó huelgas y duras críticas.

Con esa base, el Ballet Nacional empezó a apostar por obras contemporáneas gracias al dinero obtenido con los clásicos más populares como "El cascanueces". Se organizaron giras dentro y fuera de Uruguay y se invitó a coreógrafos, maestros y bailarines de la escena mundial.

El argentino instauró una jornada laboral de ocho horas. Renovó su cuerpo de baile y aumentó las funciones, que antes solo se realizaban los fines de semana. La compañía comenzó a vibrar a un ritmo similar a las de Estados Unidos y Europa. "Esa mentalidad no se tenía acá en Sudamérica, esa forma de trabajo", dice Bocca.

Bueno, bonito y barato

El rostro de María Noel Riccetto, la estrella del ballet que en 2012 decidió volver a la compañía uruguaya, puede verse en muchos de los buses que circulan por Montevideo. Como si se tratara de un concierto de rock o una imperdible final de fútbol, "Onegin", la más reciente producción del BNS, se publicitó a lo grande.

Antes de 2010, la publicidad de los espectáculos salía en el último momento, a veces apenas un día antes, y las entradas no se vendían con anticipación, una situación que cambió con el director argentino.

El ballet nacional ha intentado además mantener precios asequibles que rondan entre los 1,6 y 25 dólares. "Ver una película los fines de semana te cuesta más caro que esto, ir a un partido de fútbol, otro tanto", comenta Yebra.