UE celebra cumbre bajo presión para superar crisis del presupuesto

AFP

Los líderes de la UE iniciaron una videoconferencia convocada originalmente para discutir las respuestas al covid-19, pero con una agenda dominada por el bloqueo de Hungría y Polonia a la aprobación del presupuesto plurianual y el ambicioso plan de recuperación pospandemia.

A raíz de la segunda ola de coronavirus, los jefes de Estado y de gobierno de los 27 países europeos habían decidido el 29 de octubre mantener contactos regulares para coordinar una respuesta en bloque, y el encuentro iba en esa dirección.

Sin embargo, la agenda resultó arrollada por la perspectiva de una nueva crisis política tras el veto de Hungría y Polonia, con el apoyo de Eslovenia, a la aprobación del presupuesto para el período 2021-2027 y, muy especialmente, el crítico paquete de apoyo a la recuperación económica posterior a la pandemia.



Esta parálisis "es el elefante en la sala", dijo una fuente diplomática en referencia a la agenda prevista de esta cumbre. "Quedamos rehenes" de ese tema, añadió.

Para el primer ministro de Rumania, Ludovic Orban, esta paralización "afecta negativamente a toda la UE, inclusive a ciudadanos húngaros y polacos".

Por su parte, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, pidió que el plan de recuperación sea aplicado "sin dilación", ya que el continente se enfrenta a "circunstancias graves, del punto de vista sanitario y económico".

El presupuesto de la UE para el período 2021-2027 asciende a más de un billón de euros, y el programa asociado de recuperación económica es de 750.000 millones de euros. En total, un monto equivalente a unos dos billones de dólares.

En especial, el paquete de apoyo a la recuperación es crucial, ya que la segunda ola de la pandemia golpeó severamente a la economía europea.

El nudo de la profunda división está en la necesidad de que los países interesados en tener acceso a los recursos de la UE exhiban estándares de calidad democrática y de respeto del Estado de derecho.

Hungría y Polonia, dos países agriamente criticados por la UE por sus atropellos en ese terreno, se opusieron a la idea desde el inicio, pero esta semana provocaron un terremoto político al vetar la aprobación de los dos paquetes esenciales.

La situación se tornó todavía más grave el miércoles al conocerse una carta del primer ministro de Eslovenia, Janez Jansa, en apoyo a la postura de Hungría y Polonia.

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, llegó al punto de sugerir que, de aprobarse la condicionalidad, Bruselas podría "chantajear" a los países que no estén alineados con sus orientaciones.

De su lado, el primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, afirmó ante el Parlamento de su país que el veto de su gobierno representa un desafío a la "oligarquía" de Bruselas.



Este resquebrajamiento de los consensos en la UE ocurre precisamente en momentos en que los máximos dirigentes europeos buscaban transmitir un mensaje de unidad en la lucha contra la pandemia y la superación de su impacto económico.

Esta situación pone a la UE ante un escenario en el que no hay una salida fácil, a pesar de los intensos contactos de alto nivel para evitar el agravamiento de la crisis, y pone toda la presión sobre Budapest y Varsovia.

El desafío es cómo pavimentar un acuerdo que permita levantar la paralización sin ceder en términos de exigencias de calidad democrática.

El miércoles, el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, y los presidentes de todos los bloques políticos de legislativos, advirtieron que no harán concesiones sobre la vinculación al Estado de derecho para desbloquear la situación.

Por lo menos Francia y Holanda han sugerido la posibilidad de ignorar los vetos y seguir adelante con el plan de recuperación económica sin Hungría y Polonia. Consideran que ante el impacto de la pandemia la necesidad del plan es apremiante.

El hecho de que la reunión no sea presencial ha diluido la capacidad de presión sobre húngaros y polacos. /AFP