Nueva estrategia antidroga

  • La ‘herencia’ más complicada para Duque 
  • Mostrar resultados positivos prontamente  

 

En los próximos días el Gobierno lanzará la nueva estrategia de lucha contra el narcotráfico en Colombia. Sin duda alguna será una de las cartas más importantes que se jugará la administración del presidente Iván Duque para hacer frente a la principal problemática que heredó. El panorama es crítico: el último informe estadounidense daba cuenta de la existencia de 209 mil hectáreas de cultivos ilícitos al comienzo de 2018 y un potencial de exportación superior a las 900 toneladas métricas de cocaína por año. De igual manera, la Fiscalía y la Fuerza Pública han confirmado que la debilidad del Estado en la recuperación territorial de las zonas dejadas libres por la porción de la guerrilla de las Farc que se desmovilizó llevó a que las disidencias de estas, el Eln, las bandas criminales emergentes (Bacrim) y otras facciones narcotraficantes, en alianza creciente con los peligrosos y cruentos carteles mexicanos, se lanzaran a una lucha sin cuartel por el dominio no solo de extensas zonas de sembradíos de hoja de coca, marihuana y amapola, sino también de la estructura de laboratorios, corredores para la movilización de los cargamentos de drogas, armas y de precursores químicos. De forma paralela la amenaza del microtráfico se volvió el principal flagelo a combatir a nivel urbano, a tal punto que un estudio de Planeación Nacional revelado en el anterior gobierno advirtió que este negocio ilícito está moviendo ya más de 6 billones de pesos anualmente. Y, por último pero no menos importante, los niveles de drogadicción en Colombia han crecido de forma exponencial, no solo por la mayor capacidad de los jíbaros para infiltrarse en ambientes educativos y entornos juveniles, sino por un marco constitucional y legal flexible que llevó, por cuenta de la no penalización al porte de la dosis mínima de estupefacientes y la irrupción del concepto de “dosis de aprovisionamiento”, a que los parques, alrededores de escuelas, colegios y universidades así como otros ambientes de rumba y esparcimiento fueran caldo de cultivo para que muchos niños y adolescentes cayeran en el infierno de las drogas. De forma consecuencial, la cantidad de delitos cometidos en relación con el narcotráfico también se incrementó, presionando aún más un caótico sistema carcelario y sus altos niveles de hacinamiento.

Nada de todo lo anterior hubiera llegado a las dimensiones críticas que alcanzó en los últimos cuatro años si por cuenta, directa o indirecta, de la negociación de paz con las Farc no se hubiera afectado la operatividad de las Fuerzas Militares y de Policía en la lucha antidroga como tampoco tomado la decisión de suspender las fumigaciones aéreas con glifosato a los narcocultivos, que era hasta ese momento la estrategia más efectiva para evitar su expansión. Por el contrario, estos terminaron quintuplicándose al pasar de apenas 43 mil hectáreas en 2013 a las casi 210 mil al comienzo de este 2018. Semejante retroceso explica por qué el gobierno de Estados Unidos llegó incluso a contemplar la posibilidad de descertificar a Colombia…

El presidente Duque, que cumple mañana tres meses de gestión, ha sido enfático en que urge una reingeniería de la lucha antidroga. Aunque la estrategia integral solo se dará a conocer en los próximos días ya se han tomado medidas concretas en esa dirección: por decreto se restringió el porte y consumo de la dosis personal de drogas en sitios públicos; salvo los acuerdos de erradicación voluntaria de narcocultivos suscritos por la administración Santos, ahora toda la destrucción de cocales es obligatoria; se reanudó la fumigación con glifosato mediante drones de baja altura y se avanza en una prueba piloto con un nuevo químico para utilizarlo en las aspersiones aéreas; se lanzó un plan de choque contra el microtráfico a nivel urbano y rural; se aceleró la extinción de dominio a narcobienes; y están en marcha reformas legales para atacar con más eficacia al testaferrato y lavado de activos…

Todas esas herramientas son piezas de la estrategia antidroga integral que está a punto de ser anunciada por el gobierno Duque. Una estrategia que debe ser construida en forma conjunta con la Fiscalía -que la semana pasada propuso varias alternativas para su respectivo análisis- y otros organismos de investigación y vigilancia.

En medio de esta difícil coyuntura no hay lugar para discursos dubitativos y argumentaciones teóricas sobre un cambio sustancial de enfoque en el tema de las drogas. Por el contrario, hay que enfatizar el combate al narcotráfico en todos sus flancos y mostrar resultados contundentes en el corto plazo. Hay que recuperar el terreno perdido.