MARÍA ANDREA NIETO ROMERO | El Nuevo Siglo
Domingo, 30 de Junio de 2013

Barras bravas

Según  el informe del periódico El Tiempo, del día de ayer domingo 30 de junio, cada 22 días en Colombia es asesinado un hincha del fútbol. Como si no tuviéramos suficiente con la violencia en los campos y ciudades, el problema de las barras bravas a lo largo y ancho del territorio se ha convertido en un tema que pone sobre el tapete las complejidades emocionales que sufren los jóvenes que integran estos grupos sociales.

De acuerdo con apreciaciones de varios especialistas consultados en el informe, los hinchas que se integran a una barra brava, lo hacen buscando identificarse con alguien, tratando de encontrar una especie de “familia” a la cual pertenecer y por la que están dispuestos a matar. Y en efecto, se matan porque ganan y porque pierden también.

Ser hincha de un equipo debería tener implícito un proceso de diversión y lúdica o de historias de amistad, como esta que quiero compartir porque me parece un ejemplo claro de cómo las diferencias se pueden resolver al fluir con lo que trae la vida.

Hace muchos años había un par de amigos de colegio. Uno hincha del América de Cali y el otro del Independiente Santa Fe. Esos dos amigos, sufrían cada vez que los dos equipos tenían que jugar un partido. Se deseaban suerte y rogaban porque el resultado fuera un empate, seguramente pensando evitar el sufrimiento del perdedor. El fútbol era parte fundamental de esa amistad. El tiempo pasó, los amigos se graduaron del colegio, se fueron a la universidad, y como ocurre con la vida el rastro se fue perdiendo. Un día, el hincha del América se encontró con el hermano del hincha del Santa Fe, y emocionado preguntó por su amigo de quien no sabía hacía meses. Con un profundo dolor recibió la noticia de que su compañero había muerto por una afectación cardiaca que había sufrido desde siempre. Lloró. Pero en honor al recuerdo de su querido y buen amigo, decidió desde ese día ser hincha del Santa Fe. El año pasado cuando  los cardenales ganaron el séptimo título volvió a llorar, celebrando con su amigo el triunfo del equipo al que ahora los dos pertenecían.

Creo que al final se trata de eso, de un tema que genere complicidad, alegría, y emoción. Pero lo que demuestran las barras bravas es que sus integrantes están realmente “bravos”, y ahí hay un trabajo social muy importante para realizar, desde los colegios, las familias,  la sociedad pero sobre todo, los medios de comunicación.