ALFONSO ORDUZ DUARTE | El Nuevo Siglo
Sábado, 18 de Octubre de 2014

Reflexiones sobre el metro

 

Otra vez estamos con la fiebre del metro para Bogotá. Bien parece que esta erupción que debería haberse curado hace mucho tiempo se supura con motivos electorales. ¿Será que Petro quiere montarse en el  aspecto demagógico del tema del metro, tan ligado como está a la movilidad, digamos mejor inmovilidad, de la ciudad? Si se quiere que Bogotá se desempeñe como corresponde a la gran ciudad que es, por ser la capital del país y albergar a cerca de 8 millones de habitantes, entre otros problema tiene el de la prestación de servicios; sin lugar a dudas uno de ellos es el del transporte en la ciudad.

No se tiene noticia del llamado metro,  uno de los servicios que cualquier ciudad debe ofrecer a los ciudadanos, que el valor total  de su construcción pueda ser amortizado con la tarifa que pagan los usuarios. Una buena parte de él, básicamente las obras de ingeniería civil, vale decir, la adquisición de zonas así como las autorizaciones legales del caso, la construcción del túnel y las vías por las cuales deben circular los vehículos, se llevan a fondo perdido. La amortización de los vehículos de tracción así como los remolcados, su operación y mantenimiento, conservación de las estaciones, pago del personal necesario para ello, así como su capacitación y otros del mismo tenor son gastos, esos sí, que  deben ser financiados con el valor de la tarifa. El presupuesto de los 15 billones que se supone cuesta el metro de Bogotá, debería, para conocimiento de la ciudadanía, ser desglosado para que se sepa qué es lo que vamos a pagar los bogotanos. Porque pretender que todo será por cuenta de los usuarios no parece lógico. Lo cierto es que cuando se habla de los aportes a fondo perdido, éstos deben ser financiados por fuentes diferentes, las cuales no pueden son otras a aquellas provenientes del Gobierno nacional. En otras palabras, la financiación corre por cuenta de todos nosotros los contribuyentes seamos o no usuarios del sistema. No es otro el sentido del aporte del 70% de los costos a cargo del presupuesto nacional.

Si las consideraciones se apartan del tema financiero, bien vale la pena hacer mención de los aspectos técnicos. Se oyen voces experimentadas que sugieren que se evite a toda costa que el metro sea subterráneo; perforar túneles es una tarea muy costosa. No admite comparación a priori con vías en la superficie, sencillamente porque el valor de un túnel se conoce una vez que éste se ha terminado. Como simple aficionado o aprendiz de los que saben, me atrevo a pensar que si es válido el axioma de que el subsuelo es del Estado, el metro lo puede utilizar. Claro corriendo los riesgos que ofrece el subsuelo de una ciudad construida y con la mayor parte de los servicios, acueducto, alcantarillado, redes eléctricas, telefónicas, gas, etc. bajo tierra;  será necesario manejarlos sin perjuicio del servicio que deben prestar. México D.F. tiene su metro construido por entre una laguna que es sobre la cual fue construida la ciudad; todos los problemas geotécnicos fueron resueltos. El temperamento optimista sobre el metro para Bogotá ve ahora un poco opacado.