Carlos Alfonso Velásquez | El Nuevo Siglo
Lunes, 2 de Febrero de 2015

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Sobre la Guardia Rural

Aún  no se ha empezado a hablar de cómo se desmovilizarían las Farc y una vez más aparece la polarización, esta vez sobre si podrían o no integrar cuerpos de seguridad. El hecho es que muchos han pensado que el punto central de debate es si exmiembros de las Farc podrían ser incorporados a una policía rural. Pero allí no está lo más importante.

Lo importante está en que si el conflicto bélico con las guerrillas termina, los retos a la seguridad no desaparecerán pues subsistirán acciones como la minería ilegal, el narcotráfico o el contrabando de maderas etc., provenientes de otras expresiones delincuenciales como los rezagos del paramilitarismo (Bacrim) y los remanentes que quedarán de la desmovilización guerrillera. En fin, amenazas a la seguridad que inciden principalmente en las áreas más rurales; es decir, en aquellas donde menos presencia y control han ejercido las instituciones del Estado, encabezadas por las de justicia y seguridad.

Ahora bien, la actividad en torno de dicha criminalidad presenta unas características que la literatura especializada ha calificado como amenazas “intermedias” o “híbridas” cuya neutralización requiere también de una solución institucional híbrida o intermedia, la cual debe ir más allá de la sola neutralización, buscando -con su permanencia e interacción con las comunidades y sus autoridades civiles-, proveer un ambiente de seguridad que preserve la tranquilidad e incentive el avance socio-político de las poblaciones estimulando así  el ejercicio de una ciudadanía campesina revitalizada por su confianza hacia la institucionalidad estatal.

Una Guardia Rural (nacional) vendría a ser el tipo de solución requerida. Su doble naturaleza civil y militar con características doctrinales y operacionales a la vez versátiles y específicas, harían de esta la fuerza más adecuada y proporcionada a los principales retos a la seguridad previsibles, los cuales no serían adecuadamente enfrentados ni por la Policía por defecto, ni por el Ejército por exceso, toda vez que esas bandas no son ejércitos ni guerrillas pero tienen algún equipamiento militar y organización grupal. Es más, sería la solución para reversar decididamente los procesos de militarización de la Policía y desprofesionalización del Ejército que se han dado en Colombia por cuenta del prolongado y descompuesto conflicto armado.

Así las cosas, el punto central de la discusión sería entonces “cómo” crear la Guardia, ante lo cual surgen alternativas como la de ampliar los carabineros o desdoblar proporcionalmente las actuales FF.AA. para crear la nueva fuerza después de un proceso de selección, reeducación y reentrenamiento. ¿Y exguerrilleros? Podrían algunos voluntariamente integrarla como parte de su proceso de reintegración en el que tendrían que merecerlo después de la justicia transicional y pruebas psicométricas de propensión a la violencia, luego de lo cual serían reeducados y reentrenados.