Edmundo López Gómez | El Nuevo Siglo
Viernes, 19 de Junio de 2015

TOMANDO NOTA

Modelo de paz fracasado

Definitivamente un proceso de paz que  durante su desarrollo permite  la violación  del derecho humanitario de los combatientes y de la población civil ajena al conflicto, y además, atentados contra el medio ambiente como los perpetrados contra la infraestructura petrolera del país, no podía ser viable, tal como lo vaticinamos hace muchos  años, y demostrado está que no lo ha sido. 

En efecto, los teorizantes de ese  modelo perverso  de negociaciones no podrán aportar una sola prueba de su conveniencia  y, contrariamente, deberían responder por tan insensata concepción sobre la solución de nuestra guerra. Que fue la que finalmente se impuso.

“Este  proceso de paz seguirá languideciendo hasta morirse”, dijo en su última columna de Semana la prestigiosa comentarista María Jimena Duzán, al referirse a los últimos devastadores acontecimientos protagonizados por las Farc, con su  aclaración de que no solo a ésta se le puede considerar responsable de la guerra. 

Con todo, tan importante analista no se refiere al modelo de negociaciones, cuya adopción, repetimos, constituyó el más grave de los errores cometidos por las partes involucradas en nuestro  conflicto. Un modelo que no exige limpiar la guerra de hechos atroces, a nivel  de compromiso bilateral, pues,  incluso, el más cruel de los atentados -según lo pactado- no tendrá el efecto de parar o suspender las negociaciones, es moralmente impresentable. Y de ahí que en lugar de cosechar hechos de paz  durante el proceso, un día sí  y otro también, se exhiban, en cambio, más y más víctimas de la guerra.

Si el actual modelo de negociaciones es, en sí mismo, destructor ¿por qué no hay disposición alguna ni por parte  de los agentes del Gobierno ni por parte  de las Farc, en la Mesa de Negociaciones de La Habana, de revisarlo? ¿Quién  lo impide? Cuando se habla de comisiones de la verdad habrá que esperar revelaciones sobre este delicado asunto, pues pareciera que el  modelo hubiera  sido diseñado por traficantes de la guerra y no por amigos de la paz.

 Los buenos consejos siempre tienen  carácter edificante, y los del Papa Francisco pueden tener efectos muy positivos en el tratamiento humanitario de nuestro conflicto. Porque no podría concebirse que desde la cumbre  de su prestigio esperemos que bendiga un proceso de paz que propicia la guerra sucia mientras se acuerdan soluciones políticas. Todo lo contrario: esperamos que con su intervención se recree el proceso de paz en Colombia, bajo la égida de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Cuando Roma locuta, causa finita, dijo en su sermón famoso San Agustín de Hipona. Locución que al aplicarla al caso de nuestro conflicto, significaría que cuando hable Roma quedarán cerradas las brechas oprobiosas de nuestra guerra.

PD. No puede hablarse de unidad nacional cuando por la forma de integrar el Senado, en este no quedarían representados quince de los 32 departamentos de nuestro país.     

edmundolopezg@hotmail.com