GABRIEL MELO GUEVARA | El Nuevo Siglo
Sábado, 16 de Noviembre de 2013

El vuelo de los cisnes blancos

 

Los cisnes blancos pasaron por el cielo y nada pasó aquí abajo en la tierra.

Las únicas consecuencias de la violación del espacio aéreo colombiano por dos bombarderos Túpolev TU-160 rusos,  serán una nota de protesta de nuestra  Cancillería y unas desabridas explicaciones burocráticas de Moscú, diciendo lo que todo el mundo sabía  que dirían.

Los cisnes blancos, como llaman a estos Túpolev por su diseño estilizado, son los mayores aviones de combate existentes, están equipados con cabezas nucleares y vinieron a presentar, en  el aeropuerto de Maiquetía en Venezuela,  una “demostración de capacidad operativa de bombarderos de la Federación Rusa, como parte de la alianza estratégica    entre los dos países”, en  la cual intervino también otra aeronave de Rusia, la Antonov 124.

El episodio en sí, mirado aisladamente, no daba para mayores aspavientos. La violación se descubrió a tiempo. La reacción inmediata fue proporcionada. No se derribaron los aviones, lo cual habría sido una medida jurídicamente    explicable pero un monumental error político. Suponemos que, por alguna buena razón, la Cancillería no exige que nos presenten excusas. Tal vez  asume que de ninguna manera logrará algo semejante a una disculpa. Y presumimos que, por algún otro motivo igual de bueno, no citó al embajador en Bogotá para notificarle una protesta y exigirle explicaciones. Pero sería insensato sacar estos incidentes de un contexto que es imposible ignorar por más tiempo. 

Para comenzar, Nicaragua nos sigue amargando la vida con sus pretensiones territoriales. Y los vuelos coinciden con la reunión en Managua de una comisión bilateral que busca estrechar la cooperación mutua en asuntos de interés prioritario, como el canal interoceánico, las explotaciones de petróleo en las  zonas que nos quiere arrebatar el fallo de La Haya y el suministro de armas  rusas a Nicaragua.

No es la única coincidencia de esta clase. En Venezuela se encontraba una delegación encabezada por el presidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Patruschev, para  intensificar  relaciones en desarrollo de la alianza estratégica entre los dos países. ¿Cuáles? Desde los tiempos de Chávez, Rusia celebró acuerdos comerciales con Caracas, contrató cuantiosas compras de armas y firmó convenios para construir centrales nucleares.

No era un sobrevuelo agresor pues, si les creemos a las primeras manifestaciones rusas,  los aviones no llevaban                     misiles nucleares. Ni uno solo de los doce que pueden transportar. Pero nadie habla de las  cámaras de alta sensibilidad, que permiten elaborar los mapas fotográficos con exactitudes de milímetros. Y tampoco  se menciona que, al presentar el plan de vuelo en Caracas y Managua, era imposible no ver que se cruzaba espacio aéreo colombiano.                                                    

Cuando un vecino compra armas al por mayor, se inmiscuye en  nuestros problemas, atraviesa dificultades internas,  entra en continua efervescencia política,  padece un malestar social que alcanza grados explosivos, pierde a su líder revolucionario, su gobierno se encuentra apenas en vías de consolidación y está asesorado por Fidel Castro, tiene alianzas con otro vecino empeñado en quitarnos territorios y los dos son enemigos de nuestro principal aliado, dice que desde aquí se preparan atentados contra sus mandatarios, adelanta maniobras militares conjuntas  con sus proveedores de armas y protege a la guerrilla colombiana, el vuelo de los cisnes blancos no es el paso inocente de unas aves migratorias. Menos aún cuando comienzan los desarrollos prácticos de nuestras nuevas relaciones con la OTAN.                              

Por lo pronto es lo más parecido a una amenaza.