HERNÁN OLANO GARCÍA | El Nuevo Siglo
Lunes, 25 de Agosto de 2014

Centenario de Uribe Uribe

 

El 15 de octubre de 1914, con la alevosía de Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal, cuando se dirigía al Capitolio Nacional, fue asesinado el líder del liberalismo Rafael Uribe Uribe, Miembro de Número y Presidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia en 1911; Procurador General del Estado Soberano de Antioquia y eminente hombre de Estado, cuyas virtudes como Presidente de la República quedaron pendientes de verse.

Inquieto y ambicioso guerrero; combatió en tres guerras civiles, y en los intervalos de paz publicó periódicos, sembró café y animó a otros en el cultivo del banano. Dictó conferencias sobre el socialismo, figuró en el Congreso, viajó como diplomático y hasta escribió cuentos para niños.

En 1914, el doctor J.D. Monsalve, dijo de él: “Orador de alto renombre, el doctor Uribe Uribe ilustró con su verbo magnífico nuestros Parlamentos; filólogo y lingüista, mereció un puesto distinguido en la Academia Colombiana de la Lengua; abogado probo, inteligente y de gran ilustración en las Ciencias Políticas y del Derecho, fue también miembro de número sobresaliente de nuestra Academia Colombiana de Jurisprudencia, así como por su cultura relacionada con los acontecimientos de Colombia y de todo el mundo, lo hizo merecedor a que se le hiciera miembro honorario de la Academia Nacional de Historia. En agricultura y minería, en matemáticas e idiomas, en ciencias naturales, en Derecho internacional, en la política y en la guerra, en el periodismo y en las industrias, en todo esto fue rico en conocimientos, y en todo ello hizo prácticas aplicaciones. Era revolucionario más por temperamento que por cálculo; su genio inquieto, atrevido y emprendedor lo llevó muchas veces a los campos de batalla, y si la aleatoria suerte de las armas no le fue propicia sino de vez en cuando, siempre conservó en todo su esplendor y brillo el honor militar, que en él se amalgamaba con el honor de caballero. Bien sabía él que si no existe el deber de triunfar, la obligación de luchar sí está impuesta por la que se ha llamado gloriosa carrera. Ni hubo para él inclemencia climatérica que le detuviera, ni fatiga que esquivara, ni obstáculo que no tratara de vencer; fuéronle desconocidos los placeres vulgares, y las pocas horas de sueño que disfrutó no fueron el descanso sibarita de Petronio en lecho de flores, sino la tregua imprescindible que la naturaleza reclama para continuar en incesante labor”.

Uribe interpretó como error político de los gobiernos de la Regeneración, integrado por conservadores y liberales independientes, la exclusión de conservadores históricos y liberales radicales de los negocios públicos del Estado y criticó haber creado una división política entre los colombianos, que mantenía en permanente conflicto a los dos partidos tradicionales existentes y sus facciones.

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