LORENA RUBIANO FAJARDO | El Nuevo Siglo
Domingo, 5 de Enero de 2014

Esperanzas del 2014

 

“Se necesitan múltiples e inaplazables reformas”

Estamos en unas semanas de receso, tranquilidad, reflexión, rumba para unos y tristezas para otros y de proyectos y esperanzas para los optimistas.

Sin duda alguna los colombianos debemos luchar para   enrutar al país por unos caminos de paz, de progreso con equidad social, de desarrollo sostenible, de respeto por los derechos humanos, de comprensión y armonía entre sus habitantes y  además debemos recuperar la ética y la vergüenza.

Y para lograrlo indudablemente hay que hacer unos cambios profundos en su estructura administrativa, política y social, eliminar organismos y entidades inútiles e ineficaces como el Consejo Nacional Electoral, la sala administrativa del  Consejo Superior de la Judicatura, las EPS y las consejerías presidenciales, entre otras.

Debemos adoptar unas políticas de protección a nuestras propias semillas y decir No a las transgénicas, cumplir con las promesas del presidente Santos de hacer una reforma agraria integral para cumplir con los compromisos adquiridos con nuestros campesinos y ponernos al día con la deuda social,  reformar la justicia que cojea y no llega al igual que  la salud que está en cuidados intensivos. También  reformar el sistema educativo, el código minero para ponerle dientes a las normas ambientales y evitar que las multinacionales y la minería ilegal acaben con nuestros páramos y nuestro medio ambiente.

La verdad, veo difícil, dificilísimo, que  estas reformas las haga el Congreso actual y menos el que será elegido, que seguramente no será tan entregado al poder presidencial.

Aunque no estemos de acuerdo con  la forma casi secreta como se negocia en La Habana, que ojalá no engendre impunidad y aunque cedamos un poco en nuestros derechos se haga la paz, y entremos en una etapa de reconciliación y recomposición de nuestra sociedad. Eso esperamos nosotros los jóvenes que hagan los hermanos mayores, como dicen los arhuacos, por el país.

Y si estos profundos cambios no son posibles realizarlos a través del Congreso, pues se abre  paso para hacerlos a través de  una Asamblea Constituyente que sería convocada  una vez firmada la paz.

De manera que este Congreso que se elige en marzo sería por dos años, se ampliaría el periodo presidencial a seis años, sin reelección y se implementarían las reformas acordadas en los procesos de paz, porque considero que este debe extenderse a todos los grupos ilegales que actúan en el país.

lorenarubianof@gmail.com