Orlando Cano Vallejo | El Nuevo Siglo
Martes, 22 de Septiembre de 2015

MIRADOR

¡Qué calor!

EL  país no escapa al realismo mágico en medio de dificultades con Venezuela, el dólar, incertidumbre por el petróleo y preocupación por fuerte ola de calor, escasez de agua y merma de fuentes hídricas. No dejamos el folclor pese a escenario complejo con Venezuela, menor crecimiento de economía, mal momento de finanzas públicas, salud y educación. No renunciamos a lo cotidiano aunque de afuera nos llegan malas noticias sobre desempleo, inflación, flaco crecimiento global; pero principalmente, el drama de inmigrantes que buscan refugio, principalmente en Alemania.

Dos asuntos copan la atención nacional por estos días: verano y escasez de agua. Fenómeno del Niño causa estragos, destruye cultivos, seca ríos y quebradas, provoca incendios forestales, enferma y raciona el agua en hogares, industria y fincas. Colombia carece de políticas de reservas de agua en temporadas de lluvias. No contamos con sistemas hídricos de acumulación para afrontar sequias. Las existencias del preciado líquido están a ras, no dan para riegos ni altos consumos en casa. Las cuencas se agotan, la tala de bosques limita nacimientos y mal uso de recursos naturales nos castiga con sed.

El país no tiene estrategia ambiciosa que aproveche largas jornadas de invierno. No hemos podido convivir con el clima, estamos contra él. Aguas lluvias se desaprovechan y solo permitimos que afecten y destruyan. No las recibimos, no las depositamos, nos enfrentamos a ellas, las combatimos, les declaramos cada año la emergencia.

El Niño llora hoy duro en pueblos y capitales donde el calor es intenso y los tanques, depósitos y reservas se agotan. No hay para piscinas, jacuzzis, lavar autos, fachadas, baños son cortos, y por supuesto, el ahorro tendrá que ser grande en residencias, comercio, empresas y despachos públicos. Van a sentirlo jardines, bosques, cultivos de arroz, flores, café y ganado. La fauna y la flora tienen sed y el agua escasea. Los peces llevan la peor parte pues su hábitat es alterado.

Gobierno y sector privado deberán trabajar juntos para conjurar ardiente verano. Los niños y ancianos en varias regiones de sol extremo van a requerir asistencia hospitalaria oportuna y gratuita. Las escuelas y colegios en veredas y pueblos azotados por altas temperaturas necesitan atención con prioridad, pues condiciones sanitarias podrían ser dañinas.

Si las represas están bajas de nivel de agua será preciso economizar al máximo, lo que no significa dejar morir de sed a personas, plantas y animales. Van a ser días de sofoco por ardiente sol que podría quemar hasta primer trimestre de 2016.

Hay que poner ojos sobre comunidades vulnerables, las más pobres y aisladas de la mano del Estado. Muchos caseríos ‘arden’, actuemos con imaginación y responsabilidad social.