RAFAEL DE BRIGARD, PBRO. | El Nuevo Siglo
Domingo, 22 de Junio de 2014

El sostenimiento de nuestra Iglesia

 

No  sé cuántos católicos se habrán preguntado en Colombia cómo se sostiene económicamente su iglesia, la Iglesia. Seguramente la mayoría piensa que lo hace a través de las famosas limosnas u ofrendas que los fieles hacen en la santa misa. Pensarán también que la Iglesia algunas inversiones habrá de tener. Y con las ofrendas que se hacen puntualmente cuando se pide algún servicio religioso.

Las tres realidades son ciertas. Como también lo es que con tales ingresos se funciona muchas veces en forma muy estrecha. El tema del diezmo, esa ofrenda recomendada por la Biblia, el diez por ciento de los propios ingresos para las obras que se hacen en nombre de Dios, no tiene entre nosotros tradición ni se usa mucho, al menos en el ámbito católico.

La Conferencia Episcopal, es decir, los obispos de la Iglesia en Colombia, han creado desde el año pasado una campaña llamada Dona nobis y cuyo objetivo es concienciar a todos los católicos de la necesidad de aportar algo más sólido y grande para que la Iglesia pueda sostenerse óptimamente y sobre todo para que se puedan hacer más obras en nombre de Dios. La campaña supone que si cada católico, es decir, cada bautizado, hiciera una ofrenda extra de mil pesos (sí, mil pesos) se lograría obtener suficientes recursos para atender las tareas y obligaciones que tiene la Iglesia en medio de nuestra sociedad. Hasta hoy día, nuestra Iglesia ha dependido en buena medida de ayudas externas, que ya no son tan fluidas, pero que tampoco deben ser eternas.

En algunos países se usa que en la declaración y pago de impuestos se asigna una casilla para que, voluntariamente, los ciudadanos hagan su aporte a instituciones diversas al Estado, como pueden ser las iglesias, las organizaciones de ayuda social, etc. Así, el Estado recoge el dinero y luego lo transfiere a donde los ciudadanos lo asignaron. Sería interesante, entonces, crecer en dos sentidos. El primero, conciencia de los católicos en aportar en forma importante para que la Iglesia se sostenga sólidamente. El segundo, modernizar los medios de recolección para que sean muchos los que efectivamente aporten y permitan darle el impulso económico que la Iglesia, como toda institución, necesita y poder servir mejor a todos, pero en especial a los pobres.