VICENTE TORRIJOS R. | El Nuevo Siglo
Martes, 25 de Junio de 2013

¿Finlandización?

 

En  pocas semanas se dará a conocer la nueva evaluación estudiantil de la OCDE y seguramente Finlandia volverá a ocupar lugares destacados siguiendo la tendencia de los balances que se producen cada tres años y en los que ese país aparece con el segundo puesto en ciencias, el tercero en lectura y el sexto en matemáticas.

Como se sabe, los niños acuden allá a la escuela pública gratuita solo a partir de los 7 años, la carga que reciben es de 600 horas (menor que en muchos países), casi no tienen que hacer tareas en casa y la inversión en educación no llega al 7 por ciento del PIB (cuando en Dinamarca es del 9 y en Cuba del 13 por ciento).

 

Adicionalmente, los estudiantes son clasificados por grados de capacidad según sus inclinaciones, los cursos siempre mixtos, no exceden los 25 cupos y los medios de comunicación cooperan estrechamente con la tarea formativa.

 

Empero, si se analiza con atención, ese modelo no tiene nada de extraordinario y, de hecho, los finlandeses no sólo han perdido algunos puestos en el ranking sino que, como ocurre en casi todas partes, los alumnos responden en las encuestas que la escuela "no les gusta mucho".

Para ponerlo en otros términos, el sistema educativo finés no es exactamente el más sobresaliente y el colegio no es el idílico lugar exento de frustraciones, conflictos y fracasos. O sea, que si el modelo es atractivo, lo es porque hay un factor diferencial absolutamente claro: la selección y formación del profesorado.  

 

De hecho, a las facultades de Educación solo ingresa el 10 por ciento de los aspirantes que, en igualdad de oportunidades, requieren notas por encima de 9.0, deben superar pruebas especiales de arte, lenguas, música y comunicación, tienen que cursar por lo menos un posgrado y asumir durante 6 años la dirección del mismo grupo de estudiantes.

 

Para no ir muy lejos, los maestros funcionan a la perfección no tanto por los salarios, que son parecidos a los de otros países (5 ó 6 millones de pesos mensuales) sino por el esquema al que podríamos llamar EIC3: exigencia, innovación, consenso, confianza y creatividad.

 

Por eso, no resulta para nada extraño que con una de las mejores plantillas profesorales que se pueda concebir, Finlandia se haya convertido, progresivamente, en una de las sociedades más integradas, funcionales y creativas del planeta.