VICENTE TORRIJOS R. | El Nuevo Siglo
Martes, 10 de Junio de 2014

Latrogenia (II)

 

Como se dijo la semana pasada, iatrogenia política es el conjunto de errores que, cometidos por el propio gobernante o candidato, terminan llevándolo al fracaso. Por eso, estudiar sobre la marcha los desaciertos de Juan Manuel Santos, es algo útil para explicar, desde ahora, por qué resultó derrotado en el balotaje.

Primero que todo, empeñarse en centrar la campaña en el falso dilema “guerra” o “paz” lo desgastó aceleradamente, polarizó al país, incrementó la desconfianza hacia lo negociado en secreto en La Habana y puso a depender toda su obra de gobierno de lo que hicieran o dejaran de hacer por él las Farc y el Eln.

Segundo, al aceptar que su campaña quedó prácticamente en manos de la guerrilla, aceleró desaforadamente la negociación dividiendo en varios frentes la mesa de diálogo con la ilusión de que, antes del 15 de junio, las Farc le concedieran un nuevo cese el fuego o algún otro preacuerdo, como si no hubiese aprendido que todo cuanto emane de la subversión es automáticamente interpretado por la mayoría de los ciudadanos como una artimaña, una celada o una trampa.

Tercer error, haber caído en lo que podría llamarse “síndrome de Santos”, o sea, poner el Gobierno al servicio de una organización armada ilegal haciendo creer que, como se habían trazado “infranqueables líneas rojas”, en La Habana solo se estaban negociando reformas superficiales, cuando la propia guerrilla, en su 50 aniversario, desenmascaraba la cuestión dando a conocer la agenda de trabajo de la Constituyente con que aspiran a completar la tarea de refundar el Estado.

Cuarto error, haber incorporado en el debate electoral las variables religiosas con toda la carga conflictiva que conllevan, de tal modo que a pesar de sus esfuerzos personales por demostrar que no es ateo, ni proabortista, Santos terminó granjeándose el rechazo de miles de cristianos que se sintieron tratados como borregos cuando les pidió que no se dejaran manipular por sus pastores, desconociendo así el vínculo tan estrecho que existe entre los fieles y sus guías espirituales.

Y quinto, haber afectado la integridad de las Fuerzas Militares, o lo que es peor aún, haber golpeado la fibra más sensible de las tropas: su dignidad familiar, materna, lo que, sumado a la idea de que al terrorista se le premia mientras al militar se le castiga, generó una ola aversiva que, a la postre, se tradujo en una formidable corriente electoral favorable a su oponente e inspirada en los más genuinos valores democráticos y patrióticos.  

Continuará…