Vicente Torrijos R. | El Nuevo Siglo
Martes, 18 de Noviembre de 2014

“Jefe de Estado atrapado en sus propias distorsiones”

Planetario

Aporía estratégica

Como  se recordará, aporía es aquel enunciado que contiene en sí mismo algo racionalmente inviable. 

En ese sentido, cuando un gobernante evalúa una situación muy delicada con base en enunciados racionalmente inviables, incurre en aporías estratégicas y toma decisiones catastróficas para el Estado.

Que puede ser, precisamente, lo que le sucede al presidente Santos con las Farc (y el Eln) porque, embargado por la idea muy loable y compartida por todos de que “la paz es el bien supremo” emprendió hace ya dos años y sigue adelante con una negociación construida con cáscaras de huevo.

De hecho, el martes pasado justificó su empeño apelando a tres grandes razones: que la correlación de fuerzas entre las Fuerzas Armadas y la guerrilla ha cambiado sustancialmente; que hay un gran respaldo internacional, y que ha encontrado en las Farc una real voluntad de diálogo para ponerle fin al conflicto. 

Pero si se analiza con cuidado cada una de estas justificaciones, se puede apreciar que el Jefe de Estado está atrapado en sus propias distorsiones.

Primero, está claro que las FF.AA. han diezmado a las Farc, pero no hay peor error que evaluar los potenciales y capacidades de una organización subversiva a partir de la variable exclusivamente militar desconociendo así su enorme versatilidad, fortalezas y oportunidades en el campo económico, paradiplomático y sociopolítico en los que las Farc se hallan más fuertes que nunca.

Segundo, el apoyo internacional (el de los donantes) es proporcional al que se percibe entre la población colombiana, pero ambos están objetivamente condicionados a demostraciones y resultados, con lo cual, hay un largo trecho entre la retórica, o las esperanzas, y las evidencias de que el terrorismo se esté disolviendo. 

Y por último, el hecho de que las Farc estén dialogando no se traduce en ponerle fin al conflicto pues en la visión insurgente este conflicto no finaliza, se transforma, de tal suerte que una “paz armada” es algo perfectamente lógico en su catálogo del llamado posconflicto.

En resumen, una monumental aporía estratégica. Pero es muy probable que esta sea la primera vez que el Presidente haya oído hablar de semejante cosa.