Preservando la tradición del barro de la boa

Foto cortesía
Artesano y líder del clan Jejenaku, Rodrigo, un artesano del Vaupés, es un defensor de las piezas ancestrales que crea su comunidad. “Representan la comida, la división de la selva, la belleza de la mujer y la mitología”, dice. Crónica

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CUANDO Rodrigo percibió que los jóvenes de su comunidad migraban a las ciudades para estudiar, dejaban de lado su cultura y sus raíces al encontrar otra forma de vivir. ¿Cómo hacer entonces para rescatar las costumbres y evitar que se pierdan de una generación a otra?, se preguntó Rodrigo, un artesano y líder del clan Jejenaku, perteneciente al pueblo Cubeo.

Este interrogante se convirtió en su objetivo principal durante los tres años que duró la investigación que buscaba recuperar tradiciones ancestrales.

 

Retomando el proceso creativo

 

Provenientes de la zona de Cuduyarí, cerca del río Vaupés y de la ciudad de Mitú, una región selvática y húmeda, la comunidad de Rodrigo se dedica a la caza de cerdo, venado, mico, a la pesca y la agricultura, actividades realizadas por los hombres. Mientras que la mujer, con el fin de evitar que el hombre pierda habilidad para dichas actividades, se dedica a elaborar artesanías con barro. Aunque los varones también pueden participar en el tallo de madera, haciendo collares con semillas y tejiendo, el barro representa para la comunidad la labor y el cuidado de la mujer.

Esta tradición de manipulación del barro es una práctica generacional que Rodrigo, con el apoyo de la Fundación Etnollano, la Fundación Sura y con recursos de la Unión Europea, creó el Proyecto Productivo Autosostenible. Durante tres años Rodrigo, junto con personas de su comunidad y dichas organizaciones, recorrieron otros clanes para identificar características y conocer los testimonios del proceso creativo de las artesanías.

En su investigación, en la que “todo tomó mucho tiempo” dice Rodrigo, pudo descubrir las piezas que se elaboraban, el significado de los símbolos plasmados en las mismas y el misterio del barro. Lo curioso, es que la única persona que conocía este proceso, era su madre. Entonces Rodrigo empezó a unir todas las piezas, buscando juntar esos pedazos de tradiciones que estaban esparcidos en el conocimiento de diversas personas de la comunidad.

Para el proceso creativo de las artesanías, la mamá de Rodrigo le explicó que el barro es único y no se encuentra en todas partes. Es de color azul y nace de los desechos de una boa que se ubica en ciertos sitios. Luego, se toman pedazos de corteza de un árbol especial y se revuelve con el barro para formar una mezcla más resistente. Después se emplea la técnica del rollo para empezar a formar la base y medir la altura. Lucía, esposa de Rodrigo, cuenta que lleva 15 años haciendo artesanías y que particularmente las vasijas hechas en barro, pueden tomar entre la elaboración y el reposo cerca de 2 a 3 días. “La forma se obtiene utilizando un pequeño totumo o cañón de plátano”, comenta Lucía. Posteriormente, se bruñe con piedras, siendo esta la parte más ardua del proceso. Finalmente, los diseños se pintan también con elementos naturales, por ejemplo, el verde se extrae del líquido de una hoja.

El resultado es una pieza que no parece hecha únicamente a mano, ni que tome tan solo un par de días. Lo que llama la atención a primera vista, es el brillo de las artesanías en barro. Pareciera que el proceso de pulir la pieza, es como el toque especial de la misma, sin embargo, en realidad es todo lo que involucra: el conocimiento y los elementos utilizados.

La investigación que realizó Rodrigo en esos tres años también condujo a entender qué simbolizan los dibujos de las vasijas y de otras artesanías. Aunque se pudieron identificar cerca de 20, aún quedan muchos por descubrir. Algunos símbolos, “representan la comida, la división de la selva, la belleza de la mujer y la mitología”, explica Rodrigo. Dibujos como el arco iris aluden al universo.

Estas vasijas de barro, cuentan Rodrigo y Lucía, pueden utilizarse para hacer el sancocho, ajiaco y también conservar alimentos. Las artesanías ancestrales eran las tinajas de chicha, ollitas de curare y ollas de quiñapira (agua con ají). Actualmente también elaboran las bases para poner las vasijas, hacen platos pequeños y tejidos decorativos.

 

Resultado esperado

Con una genuina sonrisa en la cara y satisfecho del proceso investigativo, Rodrigo cuenta que “hoy en día los jóvenes saben y se interesan en hacer las artesanías propias de su comunidad”. Rodrigo y Lucía enseñan a un grupo de jóvenes la creación de artesanías. Cumpliendo con el objetivo de rescatar y preservar las costumbres, esta pareja proveniente del Vaupés, también ha podido brindar educación a sus hijos.

La comunidad de Rodrigo conserva las danzas, los rituales y el calendario astronómico, el cual enuncia el día en que se celebran eventos especiales, como un bautizo. Esta investigación llevó a Rodrigo a descubrir más cosas de su propia cultura que no sabía que desconocía, como los lugares sagrados dónde edificar sus casas.

En medio de una diversidad de artesanos provenientes de diferentes regiones del país con distintas creaciones, Rodrigo y Lucía participan por octavo año consecutivo en la feria Expoartesanías 2018 en Corferias. Ubicados en su pequeño pero acogedor stand, exhiben las distintas artesanías que tienen una historia por conocer y un legado que preservar.

 

*Colaboradora de este Diario en la sección Internacional y Cultura. La puede contactar en @nataliamarinop