El triunfo de Trump

  • Demócratas avanzaron en la Cámara
  • Un jefe republicano en toda la línea

 

El sorprendente triunfo del Partido Republicano en el Senado de los Estados Unidos, logrando muchas más curules de las esperadas, así como la victoria no solo en el número de gobernaciones sino en estados clave, ha puesto de presente que en el poco transcurso de su mandato Donald Trump no es simplemente un magnate efímero en la Presidencia de Estados Unidos, sino un político en toda la línea, como muy pocos esperaban.

De hecho, la recuperación Demócrata de la Cámara de Representantes está por debajo de lo presupuestado y dentro de los cauces comunes de las variables históricas de la política norteamericana. No quiere decir, desde luego, que no haya sido una victoria notable, puesto que al menos tienen esa institución frente a las mayorías Republicanas en la Casa Blanca, el Senado y la Corte Suprema de Justicia.

El hecho fue que el presidente Trump, particularmente en los últimos 15 días de campaña, dentro de un fermento político oscuro y con atentados incluidos, logró sacar adelante gobernaciones y senaturías que se daban por perdidas. Inclusive dentro del Partido Republicano la pequeña facción que se ha opuesto a su gobierno fue la que perdió los escaños en la Cámara.

No se dio, pues, la supuesta “ola Demócrata” anunciada por todos los políticos y medios afines, sino que la política estadounidense quedó en su plata. En ese sentido está pendiente si los Demócratas seguirán insistiendo en la impugnación presidencial cuando ciertamente está demostrado que esto no le sirvió en mayor medida para mejorar su exposición electoral. Queda claro, asimismo, que la estridente oposición a la nominación del juez Brett Kavanaugh fue la debacle Demócrata en el Senado.

Tiene, entonces razón la eventual jefe de la bancada Demócrata en la Cámara, Nancy Pelosi, en sostener que no le hará más juego a la polarización y tratará de trabajar en conjunto con la Presidencia en aspectos determinantes como la infraestructura y la baja de precios de los medicamentos.

En tanto, algunos medios pro-Demócratas, como CNN y varios periódicos principales, se desgañitan haciendo análisis según los cuales esa tendencia partidista habría mejorado al conseguir varios  escaños de algunos suburbios republicanos en la Cámara de Representantes. En realidad no es tan así. Basta mirar el caso de Texas para descubrir, en parte, que los Demócratas ganaron en distritos en donde antes era fuerte la familia Bush, hoy en disidencia de Trump. Por otro lado, es normal que distritos de Pensilvania o Wisconsin volvieran, por el momento, a su línea Demócrata tradicional.

De otra parte, se demostró que hay una creciente participación en política, en principio porque se mostraron las elecciones de mitaca como un referendo anti-Trump, que ciertamente resultó otra cosa. En todo caso, con las localidades más pobladas de su parte, como California o Nueva York, el Partido Demócrata reclamó unas mayorías. Esto, sin embargo, no es del todo claro por cuanto el medidor de la temperatura nacional no es, efectivamente, la Cámara, sino el Senado de la federación.

Pero como dijo el mismo Trump, en la rueda de prensa posterior a las elecciones, el interés fundamental es buscar una agenda legislativa bipartidista. A no dudarlo el espectáculo dado por los Estados Unidos, a partir de la radicalización de las posturas políticas, no ha sido en modo alguno el ejemplo que se supone de la democracia más potente del mundo.

El tema en adelante será, por supuesto, si Trump se reelige o no. Por el momento no se avizora ninguna candidatura fuerte del Partido Demócrata pero seguramente en las primarias se podrá conseguir alguna figura de renombre. En todo caso, quien hoy tiene la política en sus manos es Nancy Pelosi, con todos los reflectores encima de ella.

Fuere lo que sea, aun con todas sus posturas controvertidas y hasta antipáticas, Trump ha demostrado ser un hueso duro de roer y un político mucho más hábil de lo que todos presupuestaban. No solo ha sido capaz de sacar su agenda económica adelante, en lo que  recibe el beneplácito general de las encuestas, sino que ha demostrado ser un jefe de partido mucho más eficaz de quienes lo antecedieron. Ayer mismo cambió, dentro de sus facultades, al Fiscal General estadounidense, lo cual demuestra hasta qué grado se ha sentido ganador. Pero de la misma manera, el tono de la rueda de prensa fue, durante su largo trayecto, conciliador y a la expectativa de que se pueda adelantar una agenda legislativa conjunta. Es, sin duda, lo que necesita Estados Unidos, puesto que ya es hora de dejar atrás el resentimiento Demócrata por la sorpresiva derrota inferida a Hillary Clinton que, como hoy ellos mismos lo reconocen ahora, no resultó la candidata carismática y experimentada que esperaban. Pueden entonces buscar otros horizontes y pasar esa página ya marchita.