General (r) Luis Ernesto Gilibert Vargas | El Nuevo Siglo
Miércoles, 17 de Septiembre de 2014

Retomando la extorsión

 

“Ante miedo a denunciar se refuerza inteligencia”

 

Creo urgente retomar el tema sobre la extorsión, pues soterradamente  se tiene conocimiento de la dimensión que  cada  día toma este flagelo, sin que las sociedad se atreva a denunciar su presencia no solo en el medio rural sino en la mayoría de ciudades colombianas, donde  grandes sectores de la industria, el comercio y la misma colectividad se han convertido en víctimas mudas de esa tragedia. No es raro escuchar, en baja voz, a dueños o dependientes de tiendas y graneros comentando la magnitud de la cuota o vacuna a que están sometidos por parte de organizaciones delictivas;  otro tanto sucede con personas dedicadas al transporte público y de alimentos cuando pasan con sus mercancías por determinados barrios. Los mismos vecinos, en varias oportunidades, tienen que pagar impuestos al  transitar las vías de las jurisdicciones  habitadas por los familiares  y  comerciantes dedicados a la economía informal. Nadie  escapa a la extorsión y sus garras.

Es tan grave la situación que los extorsionistas ya no exigen a las víctimas únicamente dinero ya que  ante la incapacidad económica no vacilan para cobrar en especie. La ambición de estos delincuentes pocos limites conoce. Sin ir más lejos, han reclutado menores de edad utilizándolos en el cobro de los dineros. Pero lo más sensible está personificado por el miedo a denunciar que acorrala a estos ciudadanos, miedo confesado y explotado por sus victimarios. De mucho tiempo atrás sabemos sobre este delito, pues ha hecho presencia en toda Centro América, especialmente al término de los conflictos vividos en esos países, pero en Colombia llevamos años sufriéndolo y soportándolo, sostenido por ese temor ya comentado que impulsa al extorsionado a tomar su situación como  única, sin compartir con el entorno el calvario que vive no sólo él sino las  comunidades y otros ciudadanos también renuentes a denunciar por el pavor a las represalias e en intimidaciones de muerte, proferidas con el conocimiento de la  incapacidad de reacción de éstos ante los victimarios,

Hoy las autoridades, y especialmente la policía, entendieron que no pueden continuar esperando que los extorsionados denuncien el delito. Comprende que es difícil levantar una voz de protesta frente a una amenaza con  incertidumbre de réplica. Ello  no es faena  cómoda. Cada quien es dueño de su miedo, y si la respuesta de autoridad no es tan efectiva como lo espera el ciudadano, las cosas pueden empeorar. Por lo tanto  la inteligencia empezó a funcionar y la búsqueda de información se está generalizando en el país. La institución apoyada por los cuadrantes está motivando grupos ciudadanos para encontrar principio orientadores hacia estas organizaciones delictivas, que en muchas oportunidades están direccionadas desde las cárceles, La gran recomendación es llevar la información a las autoridades y no esperar ser víctimas. Es urgente buscar medios de comunicación con la policía para ubicar pandillas y pandilleros.