Las barrera contra el cambio climático que están en peligro

/ Foto Unsplash/Shane Stagner-Unesco

Los bosques de algas, los pastos marinos, las ciénagas y los manglares son uno de los mayores depósitos de carbono proveniente de la atmósfera y el océano y son vitales para ralentizar el calentamiento global, pero su degradación podría liberar miles de millones de toneladas de CO2 y otros de gases de efecto invernadero si no se invierte en su conservación, advierte un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Durante las últimas décadas, los científicos han descubierto que estos ecosistemas, llamados “de carbono azul”, se encuentran entre los sumideros de carbono más intensivos de la biosfera.

La Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco incluye las áreas marinas protegidas más emblemáticas del mundo, reconocidas por la comunidad internacional por su excepcional biodiversidad, belleza, geología y hábitats naturales. Estas abarcan una superficie de 207 millones de hectáreas, o el 10% de toda la superficie marina protegida.

A pesar de representar menos del 1% del área oceánica mundial, estos sitios y las áreas circundantes inmediatas para las que se dispone de datos comprenden al menos el 21% del área mundial de ecosistemas de carbono azul y el 15% de los activos mundiales.



Más específicamente, estas reservas de carbono equivalen a aproximadamente el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en 2018.

Entre ellas, se encuentran los manglares de Sundarbans de India y Bangladesh, que forman parte del mayor bosque de manglares del mundo; el Parque Nacional de los Everglades, en Estados Unidos, y la Bahía Shark, en Australia Occidental, que contienen las mayores praderas marinas documentadas del mundo; también en Australia, la Gran Barrera de Coral, con el mayor ecosistema de algas marinas del mundo; y el Mar de Wadden, que se extiende sobre las costas de Dinamarca, Alemania y los Países Bajos e incluye algunas de las zonas intermareales más bajas del mundo. Los sitios marinos del Patrimonio Mundial también albergan uno de los organismos vivos más antiguos y grandes del planeta, las praderas marinas de posidonia en la isla española de Ibiza.

En América Latina también se encuentran la ciénaga o marisma de Sian Ka’an, en México; los pastos marinos del Santuario de la Isla de Malpelo, en Colombia; y la ciénaga de la Península Valdéz, en Argentina.

Los desafíos

De acuerdo con la Unesco, este conjunto único de ecosistemas marinos se enfrenta a retos muy diversos, que van desde la contaminación, como la basura plástica, hasta el cambio climático.

A pesar de su papel ecológico fundamental, los ecosistemas de carbono azul han recibido mucha menos atención que los ecosistemas más carismáticos, como los arrecifes de coral, con los que suelen estar asociados y están infrarrepresentados en las áreas marinas protegidas, asegura el informe.

Como consecuencia, y dada su proximidad a la tierra han sufrido grandes pérdidas. Aproximadamente la mitad de la extensión histórica de los hábitats de sedimentos blandos con vegetación se ha perdido, en parte por la conversión a otros usos, lo que afecta directamente a los manglares y ciénagas e indirectamente a las praderas de pastos marinos a través del deterioro de la calidad del agua. Otras presiones, como la eutrofización (una sobreabundancia de nutrientes debido a actividades humanas), la sobrepesca y el cambio climático, también han provocado importantes pérdidas de praderas de pastos marinos en todo el mundo.

Al conservar los ecosistemas de carbono azul, se pueden proteger las grandes reservas de carbono que se han acumulado durante milenios, y a medida que se restauran, también pueden recuperar su función como sumideros de carbono y ayudar a mitigar el calentamiento global.

Protección

Los beneficios de conservación de los ecosistemas de carbono azul dentro de los sitios marinos del Patrimonio Mundial se extienden mucho más allá de sus reservas de carbono, asegura el informe.

Los ecosistemas de carbono azul, en particular los pastos marinos, ayudan a mejorar la calidad del agua atrapando sedimentos y absorbiendo y procesando nutrientes. También pueden mejorar las condiciones de los ecosistemas adyacentes, incluidos los arrecifes de coral.

Estos hábitats son esenciales para la biodiversidad marina y terrestre. Una amplia gama de especies terrestres, casi cinco veces más de lo que se pensaba originalmente, utilizan los manglares, incluido el tigre de Bengala real.

Además, todos estos ecosistemas sustentan la pesca como criaderos de peces y proveedores de alimentos, sustentando las redes tróficas costeras, incluidas las de los arrecifes de coral.