ERNESTO RODRÍGUEZ MEDINA | El Nuevo Siglo
Sábado, 11 de Octubre de 2014

La nave del Estado

 

Empeñando como está el señor Presidente en que su proceso de paz sea exitoso, debemos congratularnos por todos los apoyos logrados en diversas latitudes. Y felicitarlo por lo bien cubierto que tiene este  frente externo su gobierno. Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su frente interno, porque en casa la situación tiende a complicarse.

Si recordamos las enseñanzas de Platón y Aristóteles sobre como  gobernar  "La República", con sus parábolas de barcos y las  analogías de Deutsch sobre "La Nave del Estado", el mandatario debe saber comportarse como hábil timonel al control del timón de la embarcación, debe conocer su rumbo, la naturaleza de su entorno, las oportunidades y limitaciones del viaje, para poder llegar a puerto seguro. No obstante es evidente que nuestro navegante, en las procelosas aguas domésticas, parece haber perdido, en no pocas ocasiones, su sextante y su  brújula.

Sus relaciones con el Congreso son caóticas. La disciplina, la credibilidad y la confianza, brillan por su ausencia. La suerte de sus iniciativas políticas y económicas está muy enredada. La cacareada "Unidad Nacional" hace agua por todos sus costados. El partido de la U o partido presidencial está en plena rebelión. Los liberales y los de Cambio Radical hacen lo que les da la gana. Los conservadores no hacen nada porque, simplemente, no saben qué hacer y cómo hacerlo.

Por todas estas razones y sinrazones es que la reforma constitucional sobre el equilibrio de poderes va camino de un entierro de tercera o en el mejor de los casos, si sobrevive, lo hará lastimosamente. La pretendida reforma encaminada a alargarles los períodos a los mandatarios regionales, nació muerta y solo ha servido para alebrestar a la clase política. La económica está igualmente encabritada por las iniciativas del Minhacienda, que ha salido de pesca milagrosa para conseguir doce billones de pesos para tapar el hueco fiscal, producto de  las promesas relacionistas. Todavía no sabe cómo quedarán los textos expeditivos y expoliadores. 

De todo esto lo único que ha quedado en claro es que el señor Presidente debería leer más a Maquiavelo que a Blair y hacerle caso al Consejero del Príncipe cuando le enseña que debe cumplir sus promesas, sólo cuando le convenga hacerlo. Nosotros agregaríamos que solo cuando le convenga  al país y para poder ganarse la credibilidad y la confianza de sus gobernados. Y debe hacerlo pronto si no quiere que se le enrede hasta su anhelado proceso de paz.

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Adenda

Ojo a las grietas panameñas en el frente externo.

ernestorodriguezmedina@gmail.com