Preparar el post-conflicto
Lo dicho, al tema sobre la paz le sobraron conjeturas de toda índole, demostración palpable de la Importancia que representa para los colombianos esa posibilidad de lograr vivir con tranquilidad, y evidencia irrefutable del hastío luego de cuarenta años o más de conflicto armado. Lograr la paz es una necesidad latente en todos los corazones patrios, exteriorizada en la respuesta masiva del país respaldando la propuesta presidencial, prudentemente manejada y acertadamente desarrollada, a la que le están saliendo detractores críticos y agoreros, vaticinadores sobre su desarrollo y cristalización, fue el riesgo evitado con la sensatez del inicio pero, en fin, creo que este episodio estaba previsto.
Le apuesto al éxito al igual que la mayoría de mis compatriotas, por lo tanto quiero llamar la atención hacia un punto bastante controversial y exigente de cuidado, se trata del pos-conflicto, pues experiencias propias y ajenas nos indican que ese estado es más complicado de lo que parece; no es fácil retornar a la normalidad desmovilizando una cantidad representativa de combatientes, a quienes se les debe brindar oportunidades en todos los sentidos, iniciando con un desarme físico, espiritual, sicológico y social, dejar las armas, salir del monte e integrarse a la sociedad no es tarea sencilla, y muy difícil también es el ejercicio para los ciudadanos de bien, acoger sin prevenciones a compatriotas que formaron parte activa de la subversión, es estoico, recordemos las victimas y otros temas de fondo, de manera que al país entero debe concienciarse de su papel en la desmovilización.
El Gobierno conoce la altura cultural de estos jóvenes, la mayoría reclutados en campos y llegados a filas siendo menores de edad, por lo tanto muchos de ellos no tienen capacidades mínimas para desempeñar oficios o actividades que les permitan subsistir honradamente, seguramente los asesores destinados al asunto tendrán estrategias para enfrentarlo.
Pero nada es imposible y Colombia debe comprometerse con el futuro de estos ciudadanos, brindándoles las oportunidades del caso, hay que creer en el proyecto y como se ha dicho, las conversaciones llevan de la mano los ofrecimientos de un mañana promisorio, para componentes de grupos armados ilegales, seguramente los comerciantes abrirán espacios en su línea para procurar oportunidades buscando mano de obra, otro tanto aportará al proceso el sector industrial de todo nivel, tal vez las universidades montarán programas especiales tendientes a capacitar en diversas disciplinas estos compatriotas y los recursos del Estado se administrarán con prudencia y control ubicando y apoyando en un comienzo ese caudal de hombres comprometidos con la paz. Es un riesgo dejar el componente de base guerrillera al garete, pues las posibilidades de caer en la delincuencia son altas. Los jefes subversivos en las negociaciones tendrán aseguradas sus perspectivas de vida en diferentes líneas, pero ¿los combatientes qué destino tendrán?