JUAN DIEGO BECERRA | El Nuevo Siglo
Domingo, 10 de Agosto de 2014

Más allá de lo evidente

 

La  única verdad es que el sistema de transporte público en Bogotá es un desastre. Y es un desastre por el desdeño de las últimas administraciones que prefirieron salir a ganar campañas con la idea de un metro, dejando de lado la planeación que hace años medianamente se trazó para la ciudad. Y entonces tenemos los buses rojos a tope mientras los bogotanos no hacemos más que despreciarlos, los buses azules desocupados porque aún nadie sabe usarlos, los buses tradicionales que se mantienen compitiendo por los últimos centavos de la guerra que desangró por años a Bogotá y los taxis que se creen la cereza del pastel, cuando son un servicio pobre y poco acorde con los altos precios que hay que pagar por ellos. Muchos se niegan a hacer una carrera si no es al sitio que ellos quieran.

Y entonces apareció una aplicación que empezó a permitir que las personas sintieran que podían recibir un buen servicio pagando casi lo mismo y se iniciaron los paros y las huelgas. Porque este es el único país en el que los prestadores de un servicio público son más importantes que los usuarios, porque las quejas son incontables y nadie hace nada, porque hace rato desaparecieron las autoridades con la legitimidad suficiente para hacer algo de verdad por las ciudades y sus habitantes.

Es cierto que el valor de entrada al negocio es mucho más bajo para un taxi blanco que para uno amarillo, por lo menos en Bogotá. El costo del cupo es altísimo, casi dos veces el valor del carro que presta el servicio. Pero a pesar del alto valor de entrada, los conductores no se corresponden con esa inversión. Para ellos los carros y las vías no son su espacio de trabajo sino el escenario de una guerra de todos los días. Y se creen los dueños de las calles, y se comportan como una mafia, y hacen lo que les da la gana, y sale Uldarico a decir dizque están pensando en la ciudad.

El problema del transporte público en Bogotá se inicia por la falta de autoridades, pasa por la desaparición de la planeación, se reduce a un montón de actores que hacen cuanto les place, a pesar de los usuarios, a pesar de la ciudad. Y evidentemente el Alcalde está ocupado pensando en su concuñado, y ya dijeron que hay que volver a pensar el SITP, y supongo que todo seguirá igual, como suele pasar con estos grandilocuentes gobiernos de una izquierda trasnochada.

@juandbecerra