MARÍA CLARA OSPINA | El Nuevo Siglo
Miércoles, 3 de Septiembre de 2014

Utilización política de las víctimas

 

Nada más vergonzoso que ver la utilización política que se está haciendo de las víctimas de las Farc.

Algunas, han sido llevadas a La Habana con bombos y maracas, rodeadas de periodistas, a ver si de pronto se topan en algún corredor, con alguno de los jefes de las Farc y, quizá, alguno de ellos, casi en secreto en un arranque de “magnanimidad”, les diga a manera de disculpa que sus crímenes fueron una equivocación. (Como ya le ocurrió a Constanza Turbay, familiar de los Turbay Cote).

¡Qué el crimen de toda una familia fue una equivocación! ¡Cómo tienen el descaro de decir semejante monstruosidad! ¡Cómo se atreven a ser tan cínicos! ¿Es este acaso el tipo de perdón que van a pedir por sus crímenes? ¿Es acaso esto lo que los colombianos tenemos que aceptar como arrepentimiento de estos criminales?

Tengamos en cuenta que los de las Farc pretenden que sean los militares los que pidan perdón, a quienes acusan de ser los criminales. Así lo han dicho, o es que ustedes no han oído, o leído sus declaraciones.

Debemos exigir respeto con las víctimas. Respeto por su dolor, respeto por cada tumba, por cada persona desaparecida, por cada desmembramiento, cada inválido, cada violación, cada secuestrado. Que no se abuse de ellas, que no sean utilizadas políticamente por los negociadores, ni por los jefes de las Farc. Que no sean manipuladas por el Gobierno, los medios, las organizaciones internacionales.

Estoy segura de que no hay un solo colombiano que no exija de los culpables, que, como mínimo, pidan perdón por sus crímenes. No en privado, sino de cara al pueblo, de cara a una nación herida, porque, de una u otra manera, todos somos víctimas.

Sin embargo, hoy como están las cosas, a las víctimas que se atreven a exigir castigo para las Farc, o a criticar las negociaciones, se las tilda, abusivamente, de enemigas de la paz. Al contrario de lo que se dice, las víctimas no tienen la obligación de perdonar. Esa es una decisión muy privada de cada una de ellas.

Naturalmente, las víctimas de las Farc deben formar parte de las negociaciones, pero no deben ir a La Habana solo a tratar de obtener de sus victimarios una muestra de arrepentimiento por sus crímenes, un pedido de perdón flojo y engañoso.

Son los cabecillas de las Farc los que, sin que se les ruegue más, deben dar ese paso; toda Colombia lo espera. Es indispensable.

Aplaudo la formación de un grupo, de unos 33 congresistas de diferentes vertientes políticas, que sin lugar a dudas son víctimas directas de las Farc, entre ellos, la senadora liberal Sofía Vergara, cuyo hermano fue asesinado por las Farc, la representante Clara Rojas, secuestrada por 6 años, y el conservador Fernando Araujo, cuyo padre fue secuestrado, con el propósito de intervenir activamente en todo lo relacionado con la reparación de las víctimas. Ojala logren vigorizar la participación de las víctimas y no se dejen manipular, utilizar, ni amenazar.