VICENTE TORRIJOS R. | El Nuevo Siglo
Martes, 9 de Septiembre de 2014

CHCV (II) 

 

Para contribuir a las reflexiones sobre el alcance y los límites de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, CHCV, instalada por la Mesa de negociación entre el Gobierno Nacional y las Farc, en La Habana, el 21 de agosto, se publica a continuación la segunda y última parte de esta entrevista que refleja un punto de vista estrictamente personal.

Como profesor de las facultades rosaristas de Ciencia Política y Gobierno, y de Relaciones Internacionales ¿qué apreciación hace usted de la designación?

Nuestras facultades han hecho aportes interesantes al entendimiento de la violencia y la convivencia, entrelazando las dinámicas internas y las externas. Ha sido un diálogo interdisciplinario con Jurisprudencia, Humanidades, o Economía.  

Reflejar ese aporte transdisciplinario en la Comisión es uno de los aspectos que me parece más fructífero, sobre todo porque se trata de una Comisión absolutamente independiente.  

¿Qué aspectos de su experiencia en Cuba pueden ser los más interesantes?

Me he empeñado hasta el cansancio en que no puede haber una "verdad o versión oficial" del conflicto pues la Comisión debe reflejar tendencias académicas, ideológicas y metodológicas múltiples, diversas.  

Si hay algo de espíritu democrático en las discusiones que hemos sostenido en La Habana es, precisamente, el pluralismo respetuoso y la devoción por el pensamiento crítico y libre, algo que escasea en ciertos contextos.

¿Qué importancia tiene que los militares activos participen en el proceso ?

Los militares no negocian nada. Eso no les es propio. Respetuosamente, ellos ofrecen sus conocimientos técnicos en campos específicos relacionados con dejación de armas, desmovilización, o verificación. Es un trabajo delicado, un soporte esencial para que los acuerdos se basen en compromisos tangibles y no en falacias o estratagemas.

¿Qué trascendencia le ve al trabajo de la Comisión? Los trabajos servirán para definir responsabilidades y para que quede claro que ésta no puede ser una negociación basada en el perdón y el olvido.  

Además, los textos que se produzcan van a ser difundidos masivamente en escuelas, colegios, universidades, gremios, sindicatos, ong, con el fin de hacer un ejercicio colectivo de interpretación y reflexión constructiva.  

En definitiva, si algún sentido tiene todo esto es que al valorar el pluralismo, el ciudadano se sienta cada vez más empoderado para exigirles a los extremistas que renuncien definitivamente a la violencia como metodología política.