FERNANDO NAVAS TALERO | El Nuevo Siglo
Miércoles, 19 de Junio de 2013

El código de la venganza

 

A raíz del inhumano hacinamiento que registran los centros de reclusión penal en el país y que ha denunciado la prensa nacional, se resolvió el Gobierno a presentar un proyecto de ley que reforme el Código Carcelario, iniciativa que  llegó saturada de “micos”, al decir de algunos de sus  ponentes en las Cámaras legislativas.

Curiosamente y muy a pesar de que la ley, se supone, es un mandato imperativo, general y abstracto, mejor dicho, que se expide sin pensar en nadie en particular, resulta que cada uno de los artículos del proyecto se analiza minuciosamente para adivinar a quien puede beneficiar y si se trata de algún personaje “odioso”, debe retirarse. Qué triviales resultan estos legisladores. Por supuesto que la ley en sentido jurídico y no político, necesariamente debe reportar un beneficio a la población entera y, tratándose de un código carcelario, a la población de reclusos.

Los penalistas aún no han podido ponerse de acuerdo acerca del sentido de la pena; lo único cierto es que en la práctica la pena no rehabilita, solo tiene un sentido: venganza  intelectualizada a través de los procedimientos penales y las acciones policíacas. De  ahí que todos renieguen de su sentido rehabilitador y los jueces de ejecución de penas con mayor razón. Estos kafkianos funcionarios son vengadores judiciales que computan matemáticamente el tiempo  y comulgan objetivamente con la sentencia del Papa Clemente XI: “parum est coercere improbos, poena nisi probos efficias disciplina” (No es suficiente con asustar a los hombres, hay que hacerlos sentir la pena).

La advertencia del Papa, inscrita en la prisión de San Miguel en Roma, (1703), se cumple fatalmente en el mundo entero, pero con mucha más crueldad en el Tercer Mundo; sistemas  organizados para afianzar la coacción estatal y con su empleo desbordado resolver los conflictos sociales y económicos, con la creencia de su efectividad práctica, conclusión que las estadísticas desvirtúan elocuentemente, tal y  como lo muestra la realidad nacional. El número de reincidentes es superlativo; el delito contra el patrimonio encabeza la lista seguido por el narcotráfico. Esto sin discriminar las edades y las condiciones culturales de los reos, entre  otros factores criminógenos  determinantes.

Los guardias penitenciarios, por su parte, estiman que el preso carece de todos los derechos, incluso su dignidad. De ahí que se  prohíba cualquier comodidad, régimen que patrocina la corrupción. La cultura de la vindicta olvida que lo que se pierde es la libertad de locomoción, por eso   el proyecto pretende negarles a los detenidos el derecho de acceso a los medios de comunicación y a los comunicadores el de entrevistar a quien tenga algo que decir.

La Revolución Francesa se inició con la toma de La Bastilla y el Bogotazo con el asalto a la cárcel de sumariados y luego el incendio al Palacio de Justicia. El exceso de rigor es la peor de las injusticias. Súmmum ius suma inuria