Oraciones por Francisco | El Nuevo Siglo
Jueves, 27 de Febrero de 2025

Lamenta el mundo católico el delicado estado de salud del Papa Francisco. Se le ve por TV bastante mermado y muy probablemente esté próximo, bien a abandonarnos, o bien a presentar su dimisión, siguiendo el ejemplo de su antecesor, Joseph Ratzinger.

Hemos manifestado nuestra extrañeza por la actitud neutral - de extremo centro- asumida por el Papa frente a la persecución a la Iglesia en general y a los jesuitas en particular, en Nicaragua, sobre todo, y por ese silencio sepulcral que mantiene frente a dictaduras oprobiosas, como la de Venezuela, sin que ello, necesariamente implique, en mi sentir, como muchos aseguran, que él sea de izquierda.   

Quienes leímos la completa y seria biografía de Francisco, “El Gran Reformador”, del británico Austen Ivereigh, quienes oímos sus sermones, lo seguimos con fervor en su peregrinaje por Colombia, sabemos de sus condiciones de ser humano sin mácula, sensible y brillante, sus pasos azarosos por su Argentina natal, donde era criticado de manera ambivalente de izquierdista y derechista, por proteger activistas de uno u otro bando en tiempos del ejercicio de la “teología de la liberación” coincidente con el fenómeno de la dictadura militar. Pero el Hermano Francisco, ya con 88 años de cruz a cuestas, perdió su oportunidad histórica de pronunciarse a fondo sobre hechos y circunstancias que envilecen la condición humana, con antagonistas como Putin, Ortega y Maduro.

Encomiable labor del Papa en enfrentar la pederastia y la mafia en el manejo de los recursos al interior del Vaticano, laudables sus esfuerzos por salvar el medio ambiente… pero se ha quedado corto en proteger y salvar la Iglesia de todo mal y peligro y en cuestionar la conducta de tiranos perversos. Como bien lo expresaría el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, sobre la situación en su país -y yo añadiría que sobre el caso venezolano- “el Papa Francisco ha guardado un silencio que se escucha en todo el mundo” y en alguna ocasión en esta columna le pedimos que recordara a Eugenio Pacelli, Pío XII, uno de tus antecesores, a quien la historia cuestiona por la actitud timorata del Vaticano frente a las atrocidades de Hitler, cuya reencarnación parece vivir en nuestro vecindario y en Rusia. Quizás se cuidó de intervenir en política. Nuestro “héroe” Juan Pablo II, también fue cauto pero, por lo menos, clave, junto con Ronald Reagan, para liberar al mundo del yugo oprobioso del comunismo, y ello los enaltece.

Pero nunca comprendimos la actitud del Papa Francisco de no ir a visitar Argentina. Si estuvo por los lares de Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Colombia ¿por qué no darse “la rodadita” hasta su propia Patria? Hubiese sido un gesto, no de grandeza, sino de humildad, para poder recorrer sus viejas calles, caminitos, curias y sitios de peregrinación, saludando a sus parientes y paisanos… se le acabó el tiempo y ya no tiene fuerzas para viajar. El pueblo argentino queda irremediablemente frustrado porque, pienso, si bien lloran de la emoción con tener a un Maradona, a un Messi, otro título de campeones mundiales de fútbol (parte de su “religión”), muy difícilmente podrán darse el lujo de tener a otro Sumo Pontífice en la vida.

Post-it. Cómo será de peligroso el señor Benedetti -garganta profunda y lengua grosera del régimen- que tuvieron que nombrarlo Ministro del Interior, contra viento y marea, aún frente al clamor de 27 millones de mujeres y por lo menos 25 millones de hombres que lo detestan. El “loco” Armando bien podría convertirse en protagonista de la serie “Escupiré sobre tu tumba”, apuntando a Petro.