ESTRATÉGICO PRIMER VIAJE AL EXTERIOR DESDE SU POSESIÓN
Biden llega a Europa apostando a diplomacia sanitaria

/AFP

Tras asumir el poder el pasado 20 de enero, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, emprendió ayer su primer viaje al exterior. Y lo hizo en un momento geopolítico muy complicado, no solo por las presiones a las grandes potencias en torno a la crisis global derivada de la pandemia sino porque está a pocos días de la que es, sin duda, su cita más trascendental desde que está en la Casa Blanca: la cumbre con Vladimir Putin.

Biden llegó al Reino Unido, primera etapa de su gira europea, tras conocerse que Estados Unidos donará 500 millones de vacunas Pfizer a otras naciones, en un gesto simbólico de su deseo de devolver al país a la escena internacional.

El avión presidencial Air Force One aterrizó en la base aérea británica de Mildenhall, en el este de Inglaterra. De entrada, Biden tenía previsto dirigirse por la noche a las fuerzas aéreas estadounidense allí establecidas antes de viajar a Cornualles, donde mantendrá una reunión bilateral con el primer ministro británico, Boris Johnson.

Acompañado por la primera dama, Jill Biden, el mandatario demócrata asistirá a la cumbre del G7 en el suroeste de Inglaterra, donde el cambio climático y la pandemia de covid-19 serán algunas de las prioridades.

Según informaron  el New York Times y el Washington Post, el mandatario debe anunciar allí que Estados Unidos va a comprar 500 millones de dosis de la vacuna contra el covid-19 de Pfizer/BioNTech para entregarlas a otros países.

Biden dio una pista sobre ese anuncio antes de embarcar en el Air Force One cuando se le preguntó si tenía una estrategia de vacunación para el mundo. "Tengo una y la anunciaré", dijo.

Muy criticada por su retraso en compartir sus vacunas contra el covid-19 con el resto del mundo, la Casa Blanca intenta ahora tomar la delantera en este asunto.

"Estados Unidos se ha comprometido a trabajar en la inmunización internacional con el mismo sentido de urgencia que hemos mostrado en casa", dijo Biden.

Tras el G7, el titular de la Casa Blanca será recibido el domingo por la reina Isabel II en el castillo de Windsor. Biden irá después a Bruselas y mantendrá numerosos encuentros bilaterales.



"America is back"

"Mi viaje a Europa es una oportunidad para que Estados Unidos movilice a las democracias del mundo", aseguró Biden, quien repite desde su llegada al poder que Estados Unidos ha vuelto ("America is back") y pretende implicarse plenamente en los asuntos mundiales.

Sin embargo, tras el mandato de Donald Trump, los aliados "recibirán estas palabras tranquilizadoras con un poco de escepticismo", señala Suzanne Maloney, del centro de reflexión Brookings, con sede en Washington.

"La voluntad de Biden de volver a conectar con ellos tendrá que superar no sólo las cicatrices de los últimos cuatro años, sino también las preguntas persistentes sobre la salud de la democracia estadounidense", sostuvo.

Putin, la cita clave

El punto culminante de este primer viaje será una cumbre con el presidente ruso Vladimir Putin, prevista para el 16 de junio en Ginebra.

El objetivo del viaje es "dejar en claro a Putin y China que Europa y Estados Unidos son estrechos" aliados, aseguró el mandatario, de 78 años, sobre este exigente viaje de ocho días.

"Lleva 50 años preparándose para ello", dijo su portavoz, Jen Psaki, en alusión a la larga carrera política del presidente, que entró al Senado por primera vez en 1972.

"Conoce a algunos de esos dirigentes, entre ellos el presidente Putin, desde hace décadas", añadió.

Con asuntos como Ucrania, Bielorrusia, el destino del opositor ruso encarcelado Alexéi Navalni y los ciberataques, los debates con el titular ruso se prevén duros y difíciles.

La ciberseguridad será "un asunto de nuestra discusión", aseguró Biden.

La Casa Blanca, que alterna mensajes conciliadores y advertencias, insiste en que sus expectativas son modestas. El único objetivo avanzado es hacer que las relaciones entre ambos países sean más "estables y predecibles".

"El problema es que Putin no quiere necesariamente una relación más estable y predecible", afirma Alexander Vershbow, exdiplomático estadounidense y antiguo número dos de la OTAN.

La presidencia estadounidense dio pocos detalles sobre el desarrollo del cara a cara con el mandatario ruso. Sólo dejó entrever que, a diferencia de lo que ocurrió con Trump en Helsinki en 2018, no estaba en la agenda una rueda de prensa conjunta de ambos.

Críticas a Harris

Paradójicamente, mientras Biden partía al extranjero, regresaba de Guatemala y México la vicepresidenta Kamala Harris, también en su primer periplo fuera de Estados Unidos.

Al regresar a Washington, Harris fue criticada por los republicanos, que le reprocharon no haberse tomado en serio la "crisis" migratoria, y también por el ala izquierdista de su Partido Demócrata.

El viaje fue "oportunidad perdida", dijo el senador republicano John Cornyn.

El lunes en Guatemala y el martes, en México, Harris pronunció pequeñas frases que eclipsaron, al menos en los medios conservadores, el principal motivo del viaje: centrarse en cuestiones como la pobreza y la criminalidad que llevan a miles de personas de México y del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y el Salvador) a cruzar la frontera sur de Estados Unidos.

Con la ola migratoria en sus mayores niveles en 15 años, Biden encargó a Harris ocuparse de ese tema, pero ella no presentó grandes medidas durante su viaje.

Con el presidente de México, Andrés López Obrador, firmó un protocolo de acuerdo destinado a "atacar las causas profundas" de la inmigración y ayudar a los habitantes a "recuperar la esperanza en casa".

Pero en cada escala se repitió la pregunta: ¿por qué no fue a la frontera sur de Estados Unidos para ver por sí misma las consecuencias de la "crisis" que denuncian los republicanos?

Para ellos es el propio Biden quien provoca esas llegadas masivas al prometer una política migratoria "más humana" luego de la de "tolerancia cero" de su antecesor, Donald Trump.

Harris calificó primero de mero "gesto" su eventual viaje a la frontera. Y, visiblemente molesta por ser siempre cuestionada sobre el tema, acompañó sus palabras con risas nerviosas.

Incluso tuvo una sorprendente respuesta cuando la NBC le preguntó por qué no fue a la frontera con México: "Tampoco fui a Europa", replicó.

El tema y los comentarios se destacaron en las cadenas y cuentas de Twitter de conservadores.

"Harris piensa que la crisis en nuestra frontera sureste es una broma hilarante", dijeron los republicanos.

"Ella no va donde está el principal fracaso de nuestro sistema migratorio: la frontera", dijo el senador Cornyn, después de cuatro años en los que Trump batalló por amurallar la frontera con México.

"Literalmente sobrevoló dos veces nuestra frontera sur" sin detenerse allí, dijo el senador republicano James Lankford.

En Ciudad de Guatemala, Harris procuró dar un claro mensaje a quienes quieren emprender el "peligroso camino" hacia la frontera entre Estados Unidos y México: "No vengan".

Eso no alcanza para satisfacer a la oposición republicana. Las "políticas dicen lo contrario", dijo Lankford.

La expresión "no vengan" también enojó al ala izquierdista del Partido Demócrata.

"Decepcionante", dijo la congresista Alexandria Ocasio Cortez. "Ese enfoque de 'quedate ahí y muere' no es la forma en que nuestro país puede promover un sistema migratorio más justo y humano", tuiteó su colega Rashida Tlaib./Resumen AFP