MAURICIO BOTERO MONTOYA | El Nuevo Siglo
Lunes, 29 de Septiembre de 2014

Las novedades cerebrales

 

Tras el descubrimiento por error de la conciencia autónoma de los dos hemisferios derecho e izquierdo en los años 80, treinta años más tarde hay nuevos hallazgos. Al punto que se está llamando el siglo del cerebro al XXI. EE.UU. como Europa ha invertido billonarios recursos en sendos proyectos para tratar de entender ese kilo y medio de complejidad, el elemento más complejo conocido, o sería mejor decir desconocido, del universo. Y que nos permite celebrar y cerebrar el cosmos. El hemisferio izquierdo maneja el lenguaje y a la mano derecha,  el derecho (a diferencia de lo que ocurre en política) es casi mudo. Pero ambos tienen voluntades distintas y a veces opuestas. No existe un sujeto sino varios. La persona sana cree el engaño de su unidad, pero está equivocada. La enferma a veces nota esa multiplicidad con incomodidad o terror. Era fácil hacer hablar al hemisferio izquierdo pero no así al derecho.

En Caltech, el Nobel Robert W. Sperry, operó a epilépticos. Les seccionó el cuerpo calloso que une a los dos hemisferios. Tras la operación siguieron viviendo al parecer normalmente, pero con el tiempo y el número de operados se documentaron casos en los que las dos voluntades se enfrentaban entre sí. Una mujer, por ejemplo, escogía un vestido mientras su otra mano prefería otro. Un hombre afable abrazaba a su mujer mientras que la mano rebelde le pegaba. Y había otro que temía morir asesinado por su otra mano cuando dormía. Voluntades distintas en paralelo. Pero el hemisferio derecho no decía ni mu, y era un enigma lo que en verdad quería, pues no puede hablar. Hasta que el Dr. Michael Gazzaniga, de la U. de California, solucionó el asunto con el juego de Scrabble en el que el derecho sí puede escoger visualmente una serie de palabras aunque no pueda escribirlas. Con las diversas maneras que existen de comunicarse por separado con cada hemisferio, sin que el gemelo sepa, le preguntó a un joven qué haría tras su graduación, el izquierdo contestó en seguida, seré dibujante. El derecho en cambio deletreó las palabras “piloto de carreras”. Sin que lo supieran tenían planes completamente distintos. De esta división no se salvan ni siquiera las creencias esenciales. En un caso el hemisferio derecho se declaró creyente, mientras su contraparte era ateo. El neurólogo con humor teológico se preguntaba a qué cielo o a cual infierno enviarían a su paciente al morir.

El físico teórico Michio Kaku, que ha reseñado los avances en ese terreno en el libro The future of the mind, anota que un hemisferio puede ser republicano y el otro demócrata, uno conservador y el otro liberal. Y se pregunta cómo harán a la hora de votar. Universidades como Berkeley, Harvard y MIT, están avanzando en el enigma de esa complejidad, bien por vía biológica o bien en forma virtual creando inteligencias artificiales. El intento ahora es que un robot adquiera autoconciencia. Ya se logra que algunos se reconozcan en el espejo y se sirvan de él. Algo que a veces cuesta trabajo a los perros que ladran a su propia imagen hasta que se acostumbran. Pero la capacidad de postular un posible futuro y actuar en consecuencia con un propósito sigue siendo monopolio humano, al menos en este planeta. Y al menos entre algunos humanos.